Las revistas de divulgación en Argentina y las políticas científicas

La ciencia y la tecnología son motores para el desarrollo de las sociedades. En tanto procesos colectivos de construcción de conocimiento y de intervención sobre la sociedad, son prácticas intrínsecamente políticas y, como tales, centro de debates, controversias y diferentes puntos.

En Argentina, desde mitad del siglo XX, aparecieron tres revistas que no solo dieron cuenta de la comunicación pública de la ciencia, sino también de los debates en torno a políticas científicas nacionales.

Lucía Céspedes

Especialista en comunicación pública de la ciencia y periodismo científico, docente de la Facultad de Derecho de la UNC. Doctoranda en Estudios Sociales de América Latina en el Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (Conicet/UNC).

Realización: Diego Ludueña



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Nadie discute, a esta altura, que la ciencia y la tecnología son motores para el desarrollo de las sociedades. Así también, la ciencia y la tecnología, en tanto procesos colectivos de construcción de conocimiento y de intervención sobre la realidad, son prácticas intrínsecamente políticas.

Es fundamental que la producción científica esté inmersa en la realidad de los pueblos a los que pertenece. Esto genera debates y controversias sobre modelos o proyectos científico-tecnológicos.

Ciencia, tecnología, desarrollo, dependencia, industrialización, autonomía, soberanía. En Argentina, estos debates no son nuevos. Y desde mitad del siglo XX, tres revistas de comunicación de la ciencia fueron canales para estas discusiones.

UNCiencia convocó a Lucía Céspedes, licenciada en Comunicación Social y especialista en Comunicación Pública de la Ciencia para hablar sobre estos temas y, en especial, para que cuente la historia de tres revistas que marcaron una época en la comunicación pública de la ciencia en nuestro país.

Lucía Céspedes: La forma de orientar la política científica y tecnológica, y la definición de distintos modelos de ciencia y técnica son una pregunta eterna. Especialmente, a partir de la segunda guerra mundial con toda la reconfiguración del escenario global y la toma de conciencia generalizada en los Estados nación acerca de la relevancia estratégica de la ciencia y la tecnología. Esta discusión es muy relevante en un país semi periférico como Argentina, donde distintos modelos o distintas maneras de gestionar la ciencia y la técnica fueron evolucionando a medida que se iba institucionalizando, también, la investigación científica en el país.

La política científica típicamente a pendulado desde el estímulo y el fomento hasta la indiferencia o, en el peor de los casos, a la desvalorización y desjerarquización de la actividad tecnocientífica nacional.

Entonces vale preguntarse por el contenido, pero también por los canales por los que circula este debate, en distintos momentos históricos, sociales y políticos.

Tengamos en cuenta que la actividad tecnocientífica, pero también la comunicación pública de la ciencia y la tecnología, son prácticas situadas. Y especialmente en nuestro país, en la segunda mitad del siglo XX, aparecieron una serie de revistas en papel que fueron concebidas en este circuito de comunicación pública de la ciencia, de divulgación científica, pero que al mismo tiempo fueron como la carta de presentación con las que diferentes grupos de científicos, tecnólogos e intelectuales –con compromisos y orientaciones políticas bastante diferentes– buscaron darse a conocer y presentarse en el espacio social.

Estas revistas planteaban no solamente la difusión y la comunicación de contenidos científicos para públicos no especializados, sino que también ponían sobre el tapete las discusiones sobre política, gestión, modelos de hacer ciencia y técnica, que hasta entonces habían sido bastante internas y restringidas a los laboratorios, a las aulas o a las oficinas donde se tomaban estas decisiones.

En primer, lugar tenemos a Ciencia e Investigación, revista publicada por la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias, que fue fundada en 1945. Actualmente se sigue publicando, desde el 2003 editada en forma electrónica.

En esta Asociación era muy central y muy influyente la figura de Bernardo Houssay, el primer premio Nobel argentino en Medicina y el primer premio Nobel latinoamericano en ciencias. El interés de este grupo era generar un canal para llegar al gran público, entre comillas, que se asumía no conocía la tarea del científico, no conocía los institutos de investigación de la Argentina. Se quería difundir esa información, difundir las representaciones de esta comunidad científica acerca de su propia tarea, de su propio rol y también el diagnóstico sobre el desarrollo científico local que ellos hacían. También se buscaba llegar a una cierta legitimación social del rol del científico, que pudiera traducirse en la obtención de financiamiento.

Contemporánea a Ciencia e Investigación, tenemos a Mundo Atómico, revista que salió desde 1950 hasta 1955 y que fue impulsada por el gobierno de Juan Domingo Perón. De hecho, constituyó una de las revistas culturales oficiales del peronismo.

En ella estaban expresadas las ideas fuerza que el peronismo sostenía acerca del rol político que la ciencia y la técnica ocupaban en el proyecto de país industrializado, movilizado y desarrollado del peronismo.

Mundo Atómico era un instrumento de propaganda política y también le disputaba la legitimidad de la definición de la ciencia a la revista Ciencia e Investigación, porque ambas eran bastante opuestas, tanto en los grupos sociales que las sostenían, como en los modelos de ciencia y técnica que cada una fomentaba.

Mientras que Ciencia e Investigación se identificaba con un modelo de ciencia liberal y defendía la libertad de investigación plena para la comunidad científica, y que los asuntos de ciencia quedarán en manos de los investigadores, Mundo Atómico fomentaba una ciencia y tecnología orientada por las necesidades del Estado y puestas al servicio de un determinado proyecto de país.

Incluso en su estética eran opuestas. Ciencia e Investigación replicaba el formato típico de una revista académica tradicional; por otro lado, Mundo Atómico tenía colores, ilustraciones espectaculares, que apelaban a todo el imaginario y todas las potencialidades que la ciencia y la técnica despertaban en esa época: el átomo, la energía nuclear, la industria, los grandes desarrollos. Todo eso está plasmado en las mismísimas portadas de Mundo Atómico.

Avanzando unos años, algunas décadas, tenemos a Ciencia Nueva, desde 1970 hasta 1974. A diferencia de las otras dos revistas, no formaba parte y no fue lanzada desde una institución científica o desde un determinado gobierno.

Ciencia Nueva surgió como iniciativa de un grupo de científicos, investigadores, que buscaban crear un espacio de difusión de noticias científicas, pero sobre todo –este es el punto fuerte de la revista– de debates políticos, epistemológicos e ideológicos.

En esta primera mitad de los años ’70, Ciencia Nueva fue uno de los espacios donde se dialogaba y se comenzó cristalizar la corriente que después se identificaría como el PLACTED, el Pensamiento Latinoamericano en Ciencia, Tecnología y Desarrollo.

Esta revista fue el lugar donde confluían y se encontraban los primeros teóricos que sistematizaron un pensamiento propio acerca de ciencia, tecnología y sociedad, desde una perspectiva latinoamericana.

Ciencia Nueva se encontraba en sintonía con los movimientos de liberación latinoamericanistas de esa época y fue construyéndose como un espacio opositor a cualquier tipo de autoritarismo, imperialismo, en contra de la intervención militar y la injerencia de potencias centrales en los países periféricos. Incluso dentro del sistema científico, como estaba concebido en aquel momento, la revista criticaba fuertemente la dependencia estructural de regiones (como la latinoamericana), de países (como Argentina) hacia los centros mundiales de producción científica.

Ahora bien, todos estos temas –desarrollo, dependencia, industrialización, autonomía, política científico-tecnológica, intervención estatal en ciencia o no, educación superior, el rol de la universidad– son debates que hasta el día de hoy tienen plena vigencia en Argentina, en Latinoamérica, en el mundo.

Y así como en estas revistas que hemos mencionado, el diálogo se daba entre lectores, entre autores, en el espacio de enviar cartas a la revista, hoy en día hay otros canales y otras agrupaciones. Por ejemplo, la Red de Pensamiento Latinoamericano en Ciencia y Tecnología y Sociedad retoma los planteos de algunas de las revistas mencionadas.

Es siempre necesario abrir el juego para este debate acerca de los porqué, los para qué, y los cómo vamos a hacer ciencia, porque van a ser nuestras ciencias y especialmente si este debate apunta a una mayor democratización del ámbito científico. Y esto no solo en cuanto al conocimiento, sino para reflexionar sobre las construcciones ideológicas que determinado modelo de ciencia implica. La ciencia es una práctica social, se basa en instituciones construidas por personas, por individuos, por agentes sociales y es un espacio donde se juega mucho poder, ergo, la ciencia despolitizada no existe.

  • Relevancia estratégica de la ciencia y la tecnología y las políticas públicas
  • Revistas científicas como canales de discusión de las políticas científicas
  • Revista «Ciencia e Investigación»
  • Revista «Mundo Atómico»
  • Recista «Ciencia Nueva»
  • Las políticas científicas, un debate abierto
  • La inexistencia de una ciencia despolitizada

Fecha de publicación: 11 julio, 2022