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Un programa científico integrado a las políticas públicas es indispensable para delinear un horizonte emancipatorio

Nos encontramos con problemas específicos en el sector de ciencia y tecnología (CyT). Se trata, en general, de problemas globales del sistema a nivel mundial, que cobran formas propias en la implementación en nuestro país y región. Además, algunas de las características del sistema científico mundial que pueden funcionar bien en los países centrales, suelen resultar inadecuadas para los países periféricos si solo se limitan a imitar de manera acrítica, lo cual expresa una forma particularmente insidiosa de colonialismo cultural.

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Por Javier Blanco
Doctor en Ciencias de la Computación
Profesor Titular de la Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación (UNC)
Secretario General de la Asociación de Docentes e Investigadores Universitarios de Córdoba (Adiuc)

Quizá una de las concepciones más dañinas para el desarrollo del área, es la visión instrumental de la ciencia y la tecnología, es decir, asumir su neutralidad respecto de cuestiones sociales o políticas.

El pensador brasileño Renato Dagnino analizaba con cierta perplejidad que las propuestas de gobierno de la izquierda y de la derecha –o de populistas y de neoliberales, según los términos que orientan la discusión local– son opuestas, o al menos diferentes, en casi todas las áreas (educación, trabajo, salud, economía, etcétera), excepto en lo que respecta a la ciencia y la técnica donde suelen coincidir en su formulación. La continuidad del ministro de ciencia y técnica entre los gobiernos de Cristina Fernández y de Mauricio Macri refuerza esta noción, más allá de que las políticas no hayan sido equivalentes en los dos períodos.

En nuestro contexto, la mirada instrumental de la ciencia es solidaria con una forma de evaluación descontextualizada, con énfasis en lo individual y parámetros universales y supuestamente objetivos. Este tipo de evaluación orienta el sistema, favoreciendo un tipo de ciencia especializada y en diálogo con centros de producción en los países más desarrollados, pero poco propicia a establecer lazos locales, tanto con otras disciplinas como con la sociedad y sus necesidades.

Los desafíos del futuro Ministerio

Quizá la principal consecuencia de la reducción de jerarquía del Ministerio de Ciencia y Tecnología sea simbólica, una manifestación institucional del vaciamiento de la política de ciencia y técnica.

El rango ministerial ubicaba a la CyT en un lugar central, como política del estado y en diálogo directo con las otras áreas, como economía, salud, trabajo, etcétera. Una ciencia soberana es aquella capaz de desarrollarse de acuerdo a las necesidades sociales, encontrando su justificación y orientación en la construcción de una sociedad más productiva y más justa. Es de importancia creciente, en este sentido, la articulación del discurso científico con la opinión pública, ayudando a la constitución de las condiciones de posibilidad de un debate público más informado, racional y abierto.

Recuperar un programa científico integrado a las políticas públicas en Argentina es indispensable para delinear un horizonte emancipatorio, un programa de desarrollo de las fuerzas productivas y condiciones para la inclusión social tendientes a disminuir la hoy creciente desigualdad.

El Ministerio tendría no solo la tarea de impulsar las líneas de investigación estratégicas, sino también de generar las condiciones de posibilidad para discutir dichas líneas, funcionar como facilitador del diálogo entre diferentes organizaciones del Estado y de la sociedad civil. Esto permitiría no solo una mejor definición de áreas de desarrollo estratégico, sino, más importante aun, también la articulación de las investigaciones con las necesidades concretas y la implementación de las políticas.

En el mismo sentido, es indispensable que desde el Ministerio se fomenten formas novedosas de comunicación pública de la ciencia, que superen la concepción de “divulgación científica”.

Integrar la ciencia al cambio social

La idea de la verdad y de la ciencia como una de las formas privilegiadas de acceso a ella, hoy es atacada desde nuevas versiones de oscurantismo, posibilitadas por subjetividades reactivas que se constituyen en vínculo con las mediaciones digitales.

Desde los espacios científicos no siempre se contribuye a contrarrestar estos discursos, presentando repetidamente versiones descontextualizadas de la ciencia (“La ciencia ha demostrado que…”) que se convierten en legitimadoras de prejuicios. Quizá haya que empezar a hacer también comunicación pública de los estudios sociales de la ciencia, es decir, incorporar las discusiones entre científicos, las diferencias y las disputas, como parte de una mirada más compleja de la tarea científica, que pueda dialogar con amplios sectores sociales y contribuir a una conformación informada de la opinión pública.

Por otra parte, cabe considerar que los roles sociales de los y las científicas han ido transformándose sobre todo durante el último siglo. La participación directa en los movimientos sociales y políticos como miembros de diferentes espacios colectivos, es una de las mejores formas de integración de la ciencia al cambio social.

El pensamiento acerca de la propia actividad, de los mecanismos de funcionamiento del sistema científico y la acción dentro de dicho sistema, la búsqueda de espacios de reflexión y diálogo con otras disciplinas, son tareas que se están desarrollando de manera aún incipiente pero que cobran cada vez más importancia y urgencia.

A modo de ejemplo, la interacción entre disciplinas como la inteligencia artificial, las neurociencias y la educación muestra un ámbito de incomprensión mutua y prejuicios que obturan el diálogo y el trabajo conjunto, indispensables para comprender el mundo y construir proyectos emancipatorios.

El sector científico como actor democrático

Nuestro país tiene desafíos urgentes, en los cuales aparecen tareas insoslayables para el sistema científico nacional. Podemos enumerar entre los más importantes a la emergencia alimentaria, la necesidad de un programa de desarrollo productivo, la recuperación de la industria y la producción de tecnología soberana (sobre todo en las áreas de tecnologías de la información, biotecnologías y tecnologías médicas y farmacéuticas).

Es condición necesaria para abordar estos desafíos, la constitución del sector científico como un actor democrático, capaz de colaborar en la conformación de una sociedad más democrática. Buscar formas de trabajo y de evaluación más amplias que tensionen las lógicas hegemónicas actuales será también indispensable para intentar avanzar en estas tareas.

La comunicación pública de la ciencia y de la técnica, orientada a formar una ciudadanía responsable y un debate público más fértil es otro de los desafíos urgentes que no siempre reconocemos como tal y para el cual tenemos menos experiencia.

Por lo pronto, en lo inmediato hay algunas cuestiones urgentes desde lo presupuestario para el sector de CyT, ya que los salarios de los investigadores, las becas y los subsidios para investigación han retrocedido de manera alarmante durante los últimos cuatro años. Recuperar cierta estabilidad en el sistema será necesario para evitar que continúe el deterioro.

Por otro lado, sería necesario crear las condiciones para que puedan delinearse líneas de trabajo para el futuro, tanto inmediato como a mediano plazo. En este mismo sentido, poder pensar qué reformas estructurales son necesarias para que muchas de las buenas ideas puedan cobrar forma en el sistema científico realmente existente, y alentar una evolución del mismo hacia una mejor integración con los objetivos propuestos, debería formar parte de la agenda política.

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