El rol del Paseo de la Artes en la política cultural de la dictadura

A 40 años del último golpe cívico-militar, UNCiencia indaga sobre los orígenes históricos de uno de los espacios más concurridos de la ciudad de Córdoba en la actualidad: el “Paseo de las Artes”, inaugurado el 7 de julio de 1980 con el nombre de Centro Cultural Pasaje Revol en el marco de las fiestas oficiales por la “Semana de Córdoba”. Alejandra Soledad González, doctora en historia e investigadora de la UNC, analiza la apertura de ese espacio en el marco de las políticas culturales de la última dictadura, orientadas especialmente a los jóvenes. Destaca, además, el modo en que algunos de esos jóvenes, desde usos no previstos por la estrategia oficial, pudieron generar singulares espacios de resistencia. [23.03.2016]

Por Eloísa Oliva
Redactora UNCiencia
Prosecretaría de Comunicación Institucional – UNC
eloisa.oliva@unc.edu.ar

De acuerdo al estudio realizado por la historiadora de la UNC, Alejandra Soledad González, la inauguración del Paseo de las Artes formó parte del repertorio de acciones constructivas implementadas por la dictadura y orientadas, entre otros fines, a los “jóvenes virtuosos”, quienes eran pensados desde el régimen como los continuadores del autoproclamado  Proceso de Reorganización Nacional. Sin embargo, agrega la investigadora: “podría decirse que, entre los objetivos oficiales de los centros culturales refuncionalizados por la dictadura, también se encontraba la socialización (entendida como ‘sana recreación’) de los grupos considerados como ‘desorientados”.

El trabajo está enmarcado en una investigación más amplia sustentada en los ejes juventudes y artes plásticas, y plantea, como una de sus hipótesis, que la última dictadura argentina defendía la “existencia de una ‘guerra integral’ contra el comunismo, librada tanto en planos físicos como ‘espirituales. En esta guerra se desarrollaron dos fases. Por un lado, la destructiva, “que erradicó a aquellas personas e ideas consideradas ‘subversivas” y, por otro, una fase constructiva, “orientada a refundar un orden social tradicional, cimentado en los valores de la ‘civilización occidental y cristiana”, explica la investigadora.

Publicidad en el diario La Voz del Interior - 5 de julio de 1980

Página publicada por la Municipalidad de Córdoba en el diario La Voz del Interior, el 5 de julio de 1980. La gráfica destacan las obras realizadas en Plaza España, el Paseo de las Artes y el Cabildo Histórico como homenaje por el aniversario de la fundación de la ciudad.

“Cuando hablamos de juventudes en la Historia, se nos invita a pensar en procesos de socialización, cómo cada época le asigna un rol particular a esa edad, cómo a esos datos biológicos se les van sumando contenidos sociales y significados culturales”, señala González, y afirma haber corroborado en su tesis doctoral que las biopolíticas juveniles de ese período “se sustentaban en una mentalidad autoritaria, en un imaginario bélico y en un modelo civilizatorio militarista”.

Así, la investigadora puntualiza que “desde esa matriz ideológica, la población joven fue dividida, a nivel de las representaciones, en tres grandes grupos: ‘enemigos-subversivos’, ‘heroicos-virtuosos’ e ‘indiferentes-desorientados’. Esas imágenes culturales condicionaron distintas estrategias de domesticación que comprendieron desde la vigilancia y el exterminio hasta políticas culturales de glorificación y homenaje festivo”.

Las juventudes autorizadas a seguir viviendo eran las destinatarias de una amplia gama de medidas contempladas en un combate simbólico y material desplegado por aquel gobierno, cuyos funcionarios legitimaban su accionar explicitando que entre sus objetivos se perseguía “salvar las almas de los argentinos”.  En ese marco de políticas culturales complejas adquieren densidad y conexiones acciones tan variadas como las fiestas oficiales en torno al “Día de la Juventud” (21 de septiembre) y a la “Semana de Córdoba” (julio). Ese contexto fue un factor condicionante para la inauguración del Centro Cultural Pasaje Revol.

Imagen alusiva al video
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Intersticios de resistencia

Según las fuentes documentales analizadas por González, el Centro Cultural Pasaje Revol, renombrado prontamente como Paseo de las Artes, estaba constituido para 1981 por 13 locales que contaban con dos habitaciones, cocina y baño, una plaza y una confitería. Esos locales, un año después de su inauguración, ya se encontraban adjudicados a “instituciones sin fines de lucro” como la Escuela de Artes de la UNC, la Escuela Provincial de Bellas Artes, el Conservatorio de Música, la Escuela de Cerámica, la Escuela de Artes Aplicadas, Artistas Plásticos Asociados de Córdoba (Apac) y la Fundación Pro Arte Córdoba. En los mismos se configuraron espacios aptos para proyecciones y conciertos, y ateliers para jóvenes artistas.

Desde el discurso oficial, se destacaba que uno de los objetivos del nuevo centro cultural era la “provisión y difusión masiva de alimentos espirituales”. En este punto, González se pregunta por los sentidos adjudicados por el gobierno a la categoría “cultura” en general, y al término “arte” en particular. Y afirma que el régimen “reservó el calificativo de Arte (con mayúscula) para designar algunas acciones y obras que respondían principalmente a dos rasgos complementarios: por un lado, aspirar y lograr belleza; por otro lado, producir una experiencia estética en el receptor”. Se suma a esa definición que “ambos significados se mixturaban con imaginarios bélicos y religiosos que dotaban al arte de específicas funciones ‘espirituales“.

Un ejemplo de esas representaciones puede encontrarse en las imágenes que acompañan esta nota, donde una revista municipal expresaba: “Artistas plásticos dedicados a su noble tarea de creación de belleza”.

Sin embargo, los usos siempre exceden a las previsiones, y el Paseo de las Artes comenzó a convertirse en un espacio de reunión e intercambio. Las instituciones educativas antes mencionadas habían recibido entre uno y tres locales del Paseo de las Artes, que fueron asignados como ateliers gratuitos a sus graduados y estudiantes, lo que posibilitó el encuentro y le otorgó al espacio una cierta cualidad de refugio.

González señala que “junto al programa oficial de prohibiciones y promociones, existieron intersticios de resistencia donde algunos productores culturales (no solo jóvenes) lograron mantener una actitud crítica respecto a los abusos y proyectos del régimen”. Por eso es que puede pensarse al Paseo “no solo como un proyecto autoritario sino también como un espacio que posibilitó esos reductos, donde ciertos agentes pudieron reunirse mientras reinaba el Estado de Sitio y donde crecieron las posibilidades de sociabilidad juvenil en áreas artísticas, afectivas y políticas”, concluye la investigadora.

Abordaje teórico
Alejandra Soledad González realiza su análisis desde la perspectiva de una historia cultural transdisciplinaria, que conjuga miradas históricas (nacionales y extranjeras), con perspectivas sociológicas, antropológicas y filosóficas.
Fuentes
La autora del trabajo utilizó testimonios de algunos artistas jóvenes de las décadas de 1970 y 1980, obtenidos a través de entrevistas personales, y fuentes escritas, especialmente el diario La Voz del Interior y la Guía de Córdoba Cultural.
Lecturas recomendadas
Para profundizar sobre la reconstrucción histórica que la autora hizo sobre el Paseo de las Artes y sobre otras prácticas de las décadas de 1970-1980 puede consultarse, entre otros trabajos:

“Política cultural en la última dictadura argentina: fiestas oficiales e intersticios de resistencia en Córdoba”. Afuera. Estudios de Crítica Cultural. Nº 13. Disponible en www.revistaafuera.com

“Las artes en la última dictadura argentina (1976-1983): entre políticas culturales e intersticios de resistencia”. En European Review of Artistic Studies (ERAS), vol. 5, n. 2, pp. 60-84. Portugal, 2014. ISSN 1647-3558. Editorial: Universidade de Trás-os-Montes e Alto Douro.

Nota aclaratoria
Los términos que aparecen encomillados y en itálica corresponden a conceptos así expresados en el discuros del régimen, utilizados de ese modo por la autora de la investigación.

“Refuncionalización” y apertura

González rastreó los objetivos explícitos y silenciados en torno a la apertura del Centro Cultural Pasaje Revol, sus usos y sus sentidos en el marco de esa esfera más amplia que involucra juventudes, artes y políticas dictatoriales.

En los medios, detalla, esa inauguración fue promocionada como “una idea tendiente a concentrar el movimiento artístico en un sector de la vieja ciudad recuperado para el futuro”. Recoge, además, los testimonios de tres funcionarios de entonces, que ponen en evidencia lo dicho y lo no dicho en torno a esta apertura.

Miguel Ángel Roca, por entonces secretario de Obras Públicas del intendente de facto Gavier Olmedo, señalaba que la finalidad de la obra del Paseo era “preservar nuestro pasado, ponerlo en valor y refuncionalizarlo”, a la vez que “descentralizar la gestión administrativa y cultural”.

Manuel Solís, Director de Promoción Cultural, declaraba que la iniciativa comunal apuntaba a “rescatar las instalaciones para el proyecto de irradiación que, bajo la dirección de Roca, estaba refuncionalizando edificios viejos para convertirlos en centros culturales barriales”. En esa época, además del Paseo de las Artes, se inauguraron los centros culturales General Paz, San Vicente y Alta Córdoba. Solís apuntaba que los ejes en los que se basaron estas obras fueron “funcionalidad y modernismo”.

Por su parte, el escultor Miguel Sahade, funcionario municipal en aquel momento, introduce una visión no reconocida desde el discurso oficial (en una entrevista realizada por la investigadora), indicando que se trataba de la recuperación de una “zona peligrosa”, frecuentada por “ladrones” y “prostitutas”.

Esta idea de “limpiar” una zona conflictiva, dice González, podría vincularse con las “refuncionalizaciones” a cargo del Brigadier Cacciatore en Buenos Aires, como fue el caso del Centro Cultural Recoleta, instalado donde funcionara un asilo de ancianos.

Historia de un lugar

Historia de un lugar

En el actual Paseo de las Artes funcionó, en el siglo XIX, un mercado de productos al por mayor. El lugar era un paso de carretas, provenientes del sur y del oeste cordobés, lo que le valió el nombre (desde 1862) de Plaza de Carretas. El dato surge de la investigación en curso que está llevando adelante Florencia Sueldo para su tesis de licenciatura en Historia.

Siguiendo con lo investigado por Sueldo, en el año 1889, en el mismo predio, el entonces intendente Revol dispuso “la construcción del primer plan de viviendas para obreros e inmigrantes”. El plan original consistió en 84 casas en dos semi manzanas. Con el transcurso de las décadas, esas casas se fueron deteriorando, abandonando, y algunas fueron ocupadas por familias sin hogar. Más adelante, en la década del 40, la Municipalidad intervino con la edificación de una escuela sobre la demolición de ocho casas.

Finalmente, en 1980 y durante la intendencia de facto de Gavier Olmedo, con el objetivo de crear el Centro Cultural Pasaje Revol, se contempló una intervención arquitectónica en la manzana del actual Paseo de las Artes (manzana delimitada por las calles Belgrano, Achaval Rodríguez, Pasaje Revol y Marcelo T. de Alvear), evitando la demolición dispuesta en la intendencia de Héctor Romanutti (1976-1979) y preservando algunas casas y fachadas del inquilinato para obreros construido por el intendente Revol. Así, el lugar se reconstruye de acuerdo a su primitiva estructura. “Esta acción se condice con algunos de los ejes centrales del nuevo planeamiento urbano: preservar el patrimonio a través de la recuperación de ámbitos significativos de la ciudad, recuperar la identidad de las ‘patrias barriales’, y promover la participación comunal”, apunta Sueldo.

Hoy en día funciona en el lugar el Centro Cultural Paseo de las Artes, donde hay oficinas administrativas, salas para talleres y diversas actividades artísticas, culturales y comunitarias. El Centro Cultural alberga también al Museo Iberoamericano de Artesanías y a la ya tradicional Feria de los Artesanos. El bar sigue funcionando en el predio y en las casas, todavía bajo la órbita municipal, hay aún una sede de Apac, una de Proarte, un Fotoclub, la Casa del Tercer Sector -donde además funciona el Cedilij (Centro de Investigación y Difusión de la Literatura Infantil y Juvenil)-,  una dependencia de Educación de la Municipalidad, y la mítica Casa 13, espacio local de arte contemporáneo.