Wanda, «La China», Pampita y Paula Chaves: cómo los medios argentinos reproducen los estereotipos de «buena mujer» o «zorra»

Unas de las imágenes femeninas que más se repiten en los medios de comunicación y redes sociales del país son las de Carolina “Pampita” Ardohain, “La China” Suárez, Wanda Nara y Paula Chaves. ¿Qué las une? Una trama de discursos patriarcales que establecen roles y comportamientos socialmente aceptados, y responden a estereotipos de género que definen un tipo de feminidad hegemónica, a partir de la reproducción del imaginario de mujeres “putas o madres”. El análisis corresponde a Gabriela BardWigdor y Paola Bonavitta, investigadoras del Conicet especialistas en estudios de género y docentes de la UNC, que dialogaron con UNCiencia. Advierten el peligro que representan estos discursos que circulan en los medios de comunicación, como parte de los procesos de identificación de género. En su mirada, “La China» es la representación de un conflicto contemporáneo relacionado con la lucha de los movimientos feministas para que las mujeres puedan visibilizar su deseo, liberar su sexualidad, y salir del corsé patriarcal. ¿Qué ocurre cuando esto se da? Un disciplinamiento hacia las feminidades díscolas. [10.11.2021]

Por Soledad Huespe
Redacción UNCiencia
Prosecretaría de Comunicación Institucional – UNC
soledad.huespe@unc.edu.ar

Gabriela BardWigdor y Paola Bonavitta son doctoras e investigadoras del Conicet especializadas en estudios de género que tomaron noticias publicadas por La Nación, Clarín, Infobae, Ámbito y La Voz del Interior para analizar la construcción discursiva que se reproduce mediáticamente sobre estas cuatro famosas. De acuerdo a su análisis, los estereotipos de “madre” y “puta” se articulan en tanto existe un concepto de feminización hegemónica.

Estas mujeres mediáticas se constituyen en ejemplos de estéticas, prácticas y valores que les otorgan a los varones un mayor acceso y control sobre sus cuerpos y sexualidades. Y, en tanto “empresarias de sí mismas” (mujeres que construyen su propia imagen como una marca a ser consumida en la industria de entretenimiento y en redes sociales) encarnan modelos aspiracionales de éxito múltiple. Hablamos de mujeres blancas, de clase alta, cisgénero y heterosexuales en vínculos sexo-afectivos con varones del mismo sector social. Por eso venden, porque las personas desean parecérseles, o rechazarlas y juzgarlas, como lo opuesto a la moral dominante.

¿Por qué llaman tanto la atención de los medios masivos de comunicación y las redes sociales la vida de mujeres como Wanda Nara y “La China” Suárez?

GBW: ¿Por qué a la gente le da tanto morbo las personas famosas, con dinero y les gusta indagar en su vida íntima? Una tendería a pensar que todos los escenarios que son vividos como ajenos pero que resuenan en nuestro deseo o aspiración íntima, capturan la atención y nos conmueven en pos de rechazar o identificarse con esa escena, historia, etcétera. Pero este análisis queda un poco corto, porque lo que aparece como fundamental y que se mostró claramente en el último episodio con Wanda Nara, Icardi y «La China» Suárez, es lo arcaica que sigue siendo la visión sobre las mujeres, tanto en los medios de comunicación, como en la sociedad en general. La recepción que tuvo el caso se trató de discursos que no les eran ajenos a las personas y que, de hecho, les habilitaba a recuperar discursos públicos que estaban siendo cada vez menos aceptables socialmente, como juzgar a una mujer por sus elecciones sexuales. En ese marco, emerge la imagen de “la pobre Wanda Nara”, “la esposa traicionada” que reclama justicia, limpiando el tratamiento previo sobre la misma persona en los medios masivos de comunicación, donde apenas un par de años antes era “la botinera”, “la puta que se acostaba con todos los jugadores de fútbol”. Sin embargo, eso ahora se borró del imaginario social y ahora es “la madre traicionada”. No nos olvidemos que el personaje que le fue infiel actualmente es el marido, es el personaje ausente en todos los debates, que más que debates son juicios.

¿Qué vínculo existe entre el patriarcado y el capitalismo?¿Por qué son tan simbióticos en la construcción de estos estereotipos?

GBW: Para los feminismos descoloniales latinoamericanos el capitalismo es inseparable del patriarcado. No sería posible la existencia del capitalismo si no existiera el patriarcado, aunque sí el patriarcado sin el capitalismo. Y esto tiene que ver con la distribución de los trabajos por género y de los ámbitos de la vida en general, hablo de la distribución de los espacios sociales según el género, donde las mujeres son confinadas al ámbito de lo privado doméstico y el de los varones es el ámbito de lo público y lo político. Y en esos términos, la mujer va a ser considerada “una buena mujer o madre” o “una mala mujer o puta” de acuerdo a que acate ese ordenamiento sexual o no. Entonces, “la mala es la mujer”, la que se fuga de la esfera de lo privado, la que sale al espacio de lo público por el motivo que sea; siempre va a ser sospechada en ese espacio público, siempre va a ser un lugar en el cual no se la espera y que la vuelve blanco de juicios y disciplinamientos.

¿El mérito de la buena es no irrumpir en el ámbito público?

GBW: Exacto. La mujer en el ámbito de lo privado es la mujer que acata su lugar, especialmente quien asume el mandato de la maternidad. La madre, la que se ocupa de todo lo que tiene que ver con el ámbito de lo doméstico, como los cuidados en general y todos los servicios que el patriarcado considera propio de las mujeres. Y eso incluye también una forma de sexualidad atada al marido y al ámbito de lo reproductivo. Porque el patriarcado, en su versión más tradicional y más arcaica, indica que se debe salir del tutelaje del padre para pasar al tutelaje del marido. Si bien eso hoy no es tan lineal, en el caso de estas cuatro mujeres, algo de eso sigue funcionando. Cuando una sale a los espacios públicos, está por fuera de esos tutelajes, y si nadie te tutela, sos un peligro. Recordemos el pecado original del que habla la Iglesia. Y ahí viene el estigma de “la puta” o de la zorra. Generalmente, los insultos son feminizados y atados a imágenes de animales como zorra, cerda, perra. Eso no es casual, las mujeres somos consideradas naturaleza, salvajismo a disciplinar.

Gabriela BardWigdor y Paola Bonavitta
Gabriela BardWigdor y Paola Bonavitta, investigadoras del Conicet.

¿Trasciende lo sexual?

PB: Sí y no. Lo sexual teje todo los ámbitos de la vida, pero acá estamos ante mandatos de comportamiento, dictámenes sobre el lugar que debemos o no ocupar como mujeres. Roles estereotipados sobre cómo debiéramos gestionar nuestra vida en razón al género binario, que siempre es mujer-varón heterosexual y cisgénero.

¿En qué consiste la visión patriarcal acerca de la sexualidad de las mujeres?

PB: La China es la mujer que desea y se hace cargo de su deseo. Wanda es la mujer que es víctima de la maldad de otra mujer. Tiene que ver más con el deseo que con el ejercicio de la sexualidad. Cuando una mujer persigue o ejecuta su deseo, se la castiga, se la censura. Por el contrario, el deseo del varón queda legitimado, no se cuestiona en ningún momento, no está mal. Todo lo que sucede con Icardi es como esperado y aceptado por la sociedad.

Sin embargo, pareciera que el deseo de los varones siempre gira en torno a esas mujeres “putas”, que también desean.

GBW: Pensando en la típica subjetividad masculina hegemónica sería: “Con mi mujer tengo hijos e hijas y la sexualidad atada a la reproducción”, y con “la puta”, es decir, cuando compran sexo en el mercado sexual, “voy a hacer todo lo que con mi mujer no puedo hacer porque es madre y la tengo que respetar”. Llamamos a eso la doble moral patriarcal: «Con la mujer que es puta disfruto en plenitud de mi deseo y mi sexualidad. Con mi mujer y mi esposa, no, porque es la madre de mis hijas e hijos”. Ese es el argumento con el que muchos varones justifican la compra de sexo por fuera del matrimonio o la infidelidades, hablando con palabras patriarcales.
PB: Y esa doble moral está avalada en el sistema. La que no está avalada es la que no es doble, como en el caso de “La China”, porque está expuesta, está disponible y esa sí es cuestionada, es censurada.

“La China” hizo un posteo exponiendo su visión sobre esto justamente, dejando en evidencia ese mecanismo…

GBW: Sí, eso fue acompañado por organizaciones feministas que denunciaron violencia de género. Y esa violencia no solamente no mermó, sino que hay una escalada, donde cada vez van más contra ella. “La China” es la representación de un conflicto contemporáneo y actual, relacionado con la lucha que los movimientos feministas están dando para poder visibilizar el deseo y liberar la sexualidad de las mujeres; para moverse de ese corsé patriarcal. Y ya vemos lo que pasa cuando eso sucede: el disciplinamiento. El castigo no cesa y ya se meten con sus hijes, con fotos y videos de ella. Mucha violencia de género porque ella cuestiona no solo la institución de la monogamia sino que la ficción de la familia patriarcal tambalea.

Lo curioso es que Wanda Nara también fue víctima de violencia hace unos años atrás, cuando era tildada de “botinera”.

PB: Claro, pero cuando Wanda había sido infiel, la mirada estaba puesto en la ruptura del pacto de caballeros. Ahí se puso el foco. Era la “icardeada”. Y eso tiene la misma genealogía patriarcal. Esto de que “entre varones no vas a estar con la mujer de tu amigo, o con la hermana de..”. Siempre pasa, porque los varones son los dueños de los cuerpos de las mujeres, ellos deciden y hacen con nosotras. Porque “icardeada” es quitarle todo el poder de decisión a la mujer que está involucrada ahí.

GBW: Si miras históricamente, en realidad te lleva al debate de la buena o la mala víctima. Hay toda una construcción de cómo las mujeres debemos ser para merecer derechos o merecer cuidados. Entonces a Wanda Nara le licúan toda su historia. Pero no es inocente eso, es para que la gente se compadezca de lo que le pasó a Wanda Nara. Ella tiene que ser una “buena víctima”. ¿Y cómo es una buena víctima en el patriarcado? Tiene que ser una mujer que no sea rebelde, que no tenga una sexualidad libre, una mujer pasiva, que no exponga su vida privada, que no exponga al marido. Todo lo que se espera de una buena mujer, es lo que nosotras llamamos una buena víctima. Cuando a eso lo llevas a nuestra vida cotidiana, es el motivo por el cual te pueden llegar a quitar los hijos e hijas, el motivo por el cual después tenés que ir a hacer acuerdos de tenencia con otra persona, y el motivo por el cual, cuando las mujeres van a denunciar violencia de género, si no se muestran débiles, vulnerables y desprotegidas, no las escuchan.

Gabriela BardWigdor y Paola Bonavitta

Analizar estos estereotipos lejos está de lo anecdótico entonces, de los chistes y de los memes que vemos multiplicados por miles…

GBW: Exacto. Parece un chisme. Pero en realidad, lo que nosotras decimos es: ojo con esas cosas que parecen tan chismosas o tontas, porque son cosas que subjetivan a las personas. Es un discurso que se va incorporando y condiciona lo que podemos o no en la vida de cada mujer corriente o no famosa.

Y en el caso de Pampita, ¿por qué es una “supermujer” para los medios masivos de comunicación?

PB: En esto de ser empresaria de sí misma, una marca, un modelo aspiracional; es la imagen que ella construye y que de ella se construye: es alguien que puede resolver todos los puntos que hacen a una buena mujer: la buena madre, la buena esposa, la que es exitosa también en el trabajo… básicamente, la que no descansa. Pampita es una muestra de la feminización del trabajo y la feminización de la responsabilidad. Porque todas esas responsabilidades que debieran ser compartidas, ella las presenta como si de todo se encargara ella: va a trabajar con su hija, le da la teta, a los 10 días de parir está bailando con las piernas para arriba (cuando todas sabemos que a los 10 días de parir las mujeres seguimos sangrando). Es la construcción que ella y los medios hacen. Porque ella no está sola, sino que hay toda una industria que quiere visibilizar que podemos seguir trabajando de modo remunerado y no. No se trata de cuestionar ninguna decisión individual, sino que el capitalismo toma esa decisión, esa manera de vivir, para decirnos “¿Ven que se puede seguir sin parar?”

GWB: Por eso cuando ella dice “no quiero ser modelo de nada” nos hace ruido. Si bien destacamos y defendemos la soberanía de los cuerpos, cuando se trata de una figura pública, lo que se muestra, termina siendo una medida de lo que otras aspiran a ser o les presentan como un deber ser. Pampita tiene un acceso a capitales económicos y sociales enormes, y seguramente pague y tercerice muchos de los cuidados, pero no lo muestra, no lo pone en la mesa de debate. Mientras, el resto de las mujeres no están en condiciones de hacer eso y asumen todo en soledad. Además, me parece que es un nuevo truco del patriarcado y una nueva forma de resistir a los avances que hemos conquistado en términos de derechos de género y laborales. Porque nos dicen “¿Ustedes no querían salir del mundo de lo privado para ingresar en el mundo del empleo? Bueno, ahora que pueden, trabajan el doble y se quejan”. Es cierto que salimos al mundo del empleo, pero los varones no se incorporaron al mundo de los cuidados en la misma medida que nosotras al empleo. Entonces termina siendo una doble o triple carga laboral sobre nuestros cuerpos y de nuevo, más opresión. Y ahí entran todas “empresarias de sí”, donde las personas nos convertimos en marcas de la mano del neoliberalismo, porque es un trabajo flexibilizado, sin derechos formales, etc.

¿Qué pasa con Paula Chaves?

GBW: Paula es otra super-mujer como Pampita, pero su perfil ha mutado con el tiempo a una buena madre sobre todo, más allá de su rol como modelo o conductora. Esta reivindicación de una maternidad intensiva, implica, a diferencia de Pampita, el fortalecimiento del papel de la mujer que renuncia a su éxito “para dedicarse a la familia exclusivamente y por amor”. Incluso, hay una tapa de la Revista Caras donde ella sale vestida “como una ama de casa sexi” pasando la aspiradora y afirma: “Dejo de trabajar, porque ahora quiero ser ama de casa”. Su maternidad ha gozado de presencia mediática debido a su discurso a favor de una vuelta a una maternidad más presente y natural, promoviendo el colecho, la lactancia y los partos domiciliarios. También, ha aparecido hablando sobre dieta y el ejercicio para bajar de peso luego del segundo embarazo, pues adjudicaba haber sufrido mucho sobrepeso. Todas estas mujeres son todo el tiempo figuras que parece que se oponen, pero en realidad en las cuatro se condensa el binario patriarcal con el que nos condicionan la vida: la buena mujer, la madre, y la mala mujer, la puta o la zorra.

Gabriela BardWigdor es Doctora en Estudios de Género (Centro de Estudios Avanzados, UNC). Es Licenciada en Trabajo Social y Magíster en Trabajo Social con Mención en Intervención por la UNC. Actualmente se desempeña como investigadora asistente del Conicet y profesora Asistente con dedicación exclusiva en la cátedra de Teoría, Espacios y Estrategias de Intervención II de la Carrera de Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNC. Coordinadora del espacio de investigación-acción “El Telar: comunidad de pensamiento feminista latinoamericano”.

Paola Bonavitta es Doctora en Estudios Sociales de América Latina, Magíster en Sociología y Licenciada en Comunicación Social (UNC). Se desempeña como investigadora adjunta de Conicet con lugar de trabajo en el Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades (UNC). Coordinadora del espacio “El telar: comunidad de pensamiento feminista latinoamericano”.

Fecha de publicación: 10 noviembre, 2021