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Museos, alteridades en diálogo

Museos, espacios geniales, creativos o aburridos; abarrotados de objetos o con estéticas minimalistas. Grandes o pequeños, de pueblo o de ciudad, privados o públicos. Museos que simplemente muestran cosas o que cuentan historias, como refugios de identidades y memorias. Estas instituciones nacidas junto a la configuración y conformación de las naciones, estuvieron desde su origen, destinadas a preservar y resguardar lo que se pensaba y legitimaba como patrimonio de todos.

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Por Ludmila da Silva Catela
Integrante del Instituto de Antropología de Córdoba
Conicet-UNC

Hoy son lugares abiertos, no por abrir sus puertas o proveer herramientas que permitan la adaptación de sus muestras a diversos públicos, sino porque que potencian y gestionan acciones museográficas abiertas al diálogo.

Aceptando los riesgos que esto genera, se avanza en la ruptura de quiénes pueden y deben hablar en estas instituciones, ya que el saber no está más monopolizado por los profesionales que “piensan y hacen el museo”. Es la interacción con el “otro” lo que se pone en juego, así como la posibilidad constante de intercambio y circulación de los saberes.

Los museos, hoy, se plantean como espacios ciudadanos, al darse la oportunidad de descubrir las asimetrías y las relaciones de poder que conlleva la imposición de discursos intrínsecos al guión museográfico.

Se piensan desde las relaciones de intercambio para lograr alteridades en diálogo. Esto implica, entre otras cuestiones, generar lugares donde sea posible la acción cultural colaborativa, la incorporación de prácticas que permitan aceptar temas no consagrados, molestos, nuevos. Pensar en museografías que poco a poco retiren su foco de la sacralidad de los objetos y su mera contemplación, hacia acciones y diálogos con las personas, sus experiencias e inquietudes. Donde se puedan incorporar nuevos debates sociales, culturales y políticos frente a las demandas ciudadanas.

Imaginar museos abiertos implica pensar otros territorios donde extender sus acciones y experiencias, descentrando sus muestras e imaginando nuevos espacios de exposición. Donde otros grupos sociales –muchas veces excluidos– puedan proponer temas, transmitir experiencias, contar sus saberes. Museos abiertos que permitan plasmar visiones de mundo disímiles, con y para los hombres, mujeres, niñas, niños, jóvenes que los habitan. Espacios que asuman reflexivamente su rol legitimador de discursos para poder controlar las relaciones asimétricas que se producen en sus discursos y relatos, posibilitando nuevos conceptos y formas de vivir, experimentar, sentir el museo.

En definitiva, que puedan proveer a los grupos con los que se interactúan, de nuevas preguntas y formas de mirar, encontrarse y relacionarse. Que recíprocamente se puedan incorporar e intercambiar una polifonía de saberes y sensibilidades para producir una mirada más heterogénea, respetuosa del mundo y sus diversidades.

Ludmila da Silva Catela es doctora en Antropología Cultural y magíster en Sociología por la Universidad Federal de Río de Janeiro, Brasil. Es profesora en la Universidad Nacional de Córdoba e investigadora del Instituto de Antropología de Córdoba (Idacor, Conicet-UNC), radicado en el Museo de Antropología de la UNC. Desde su fundación en 2006 hasta 2015, fue directora del Archivo Provincial de la Memoria (Córdoba).
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