«Colaboramos en la construcción de la memoria y su relato»

Con motivo de la sentencia en la megacausa La Perla, el mayor juicio por crímenes de lesa humanidad en nuestra provincia, UNCiencia dialogó con Silvia Plaza y Yanina Petiti, miembros del Equipo de acompañamiento a testigos en juicios por crímenes de lesa humanidad, cuya coordinación fue ejercida desde la Universidad. [25.08.2016]

Por Eloísa Oliva
Redactora UNCiencia
Prosecretaría de Comunicación Institucional – UNC
eloisa.oliva@unc.edu.ar

¿Cómo piensan la relación entre testimonio, experiencia y verdad histórica?

Silvia Plaza: Nosotros decimos que para que un testigo pueda dar testimonio hay una condición previa: haber sido partícipe de una experiencia concentracionaria. Si esa experiencia no está, no hay memoria ni tampoco verdad. El haber estado en un campo de concentración marca, hay ahí un arrasamiento subjetivo radical. En ese sentido, la memoria lo que rescata son los aspectos subjetivos en ese territorio, y discute con la historia. Discute que hay grupos, experiencias o momentos históricos que atraviesan y marcan subjetividad. Esta subjetividad es un anclaje espacio temporal, y es lo que se hace memoria. Esta experiencia aporta a la construcción de memoria y disputa con la verdad histórica hegemónica, o la verdad entendida solo como histórica, disputa en su hegemonía buscando un lugar para esa experiencia que no es solo una palabra que se sostiene con el cuerpo, sino que es una palabra puesta en situación de testimonio judicial. 

Hasta tal punto ha aportado esta experiencia del campo en lo judicial, que los campos de concentración se construyeron a partir de los indicios dados por los testigos. No hubo información oficial, mucho menos del sistema represor o del dispositivo de terror, que haya ofrecido a los familiares, a los organismos de DD HH, a la sociedad, material que permita avanzar en esa reconstrucción. Solo los indicios de los testigos. Y decimos indicios porque porque estaban vendados, atados y, desde la oscuridad y la inmovilidad, ellos activaron lo que se llama la memoria sensitiva-corporal, y nos ofrecen la construcción de estos campos. Esto es insustituible, y ha pasado con la reconstrucción de todos los campos del país.

Yanina Petiti: En algún punto, los juicios también sirven para ordenar esto que ha intentado ser fragmentado, silenciado. 

Silvia Plaza: En relación a esto, nuestro trabajo estuvo centrado en hacer de una experiencia individual una narrativa. El pasaje por el campo instituyó un fragmento. Entonces, la narrativa es lo que permite que ese fragmento pueda tener otra dinámica, otro movimiento y que pueda ir armándose -de modo a veces amigable, a veces doloroso- con los otros fragmentos que son reales y concretos y que van completando y ayudando a sostener esa palabra. 

Multitudinaria marcha que acompañó la apertura del primer juicio por crímenes de lesa humanidad en Córdoba, conocida como Causa Brandalisis. 27 de mayo de 2009.

Si la crueldad implica este dispositivo social que lo sostiene, como manifiestan en algunos artículos escritos por el Equipo, ¿cómo puede un testigo confiar en ser portador de una verdad que sea escuchada por esa misma sociedad que permitió el terror?

Silvia Plaza: Me parece que puede tener que ver con lo que dice León Rozitchner acerca de los contextos sociales y el apuntalamiento que pueden dar. Una de las características del terror de Estado es la desimbolización, la ruptura de la construcción de comunidad, el aislamiento y la soledad. Entonces, en estos hechos que involucran procesos sociales psicopolíticos, es insustituible el apuntalamiento de lo social para que la palabra se pueda sostener. No es posible hacerlo en soledad. Si los próximos movimientos históricos y sociales no cobijan esta palabra y la vuelven a desmentir, vamos a estar de nuevo en graves problemas.

Yanina Petiti: Pensar en «la sociedad» y en «la justicia» en algún punto diluye responsabilidades. Estos juicios son una parte, pero no son todo. En esto también es importante el darse cuenta de que estas muertes no son muertes naturales, que merezcan un duelo íntimo e individual, sino que es importante este pasaje a lo público, a lo social, porque son muertes que nos incumben a todos, son asesinatos realizados por quienes debieran garantizar los derechos de todos. 

Y desde el punto de vista subjetivo del testigo, ¿cómo creen que se vive esta experiencia, la capacidad de confiar en las instituciones?

Silvia Plaza: Yo creo que fue posible gracias a un contexto diferente. Por primera vez, muchos se sintieron escuchados. Sintieron que había un contexto de «escuchabilidad» y de «decibilidad». Muchos de ellos dicen: «lo que estamos diciendo hoy, lo hemos dicho hace 30 años, pero nadie nos escuchó». Porque no había un contexto que apuntale esa escucha, sino que tuvo que construirse. En ese contexto vienen los juicios, con la participación en Córdoba de los organismos y de determinadas instancias que dan una condición previa de confianza para estos testigos. 

Yanina Petiti: Todavía faltan por ser escuchados muchos de los horrores.

Silvia Plaza: En ese sentido, a nosotros nos preocupa mucho el tema de la impunidad. Porque la impunidad no es solo judicial, sino que también es social y simbólica. Entonces, cuando las máximas autoridades institucionales se ponen en posición de desmentir, mediante el uso de la denominación «guerra sucia» para hablar del terrorismo de Estado, pasamos a una condición de revictimización. Este tipo de gestos y acciones ponen en cuestión la confianza que muchos de los testigos, todos diría, han depositado en la justicia y en la sociedad. 

Multitudinaria marcha que acompañó la apertura del primer juicio por crímenes de lesa humanidad en Córdoba, conocida como Causa Brandalisis. 27 de mayo de 2009.

¿Algún miembro del equipo ha sido detenido-desaparecido?

Yanina Petiti: No, pero en 2008 participó una psicóloga, una compañera, que tiene su mamá desaparecida. Las afectaciones son diferentes. Algo que tenemos en cuenta es que las personas que formamos parte del equipo de acompañamiento no tengamos familiares víctimas de la causa en la que trabajamos. 

¿Cómo  creen que afecta a las nociones de pasado-presente-futuro, el hilo temporal, esto de reponer, volver a narrar y volver a vivir la experiencia?

Silvia Plaza: Para pensarlo hay que tener en cuenta el contexto generacional, marcado por el mundo de la amistad, de la política, un mundo en el que la transformación estaba al alcance de la mano. Todo esto sucedía en un marco de alta conflictividad y complejidad. Entonces, a partir de ahí podemos pensar en este dispositivo del terror, en la experiencia concentracionaria. En este sentido, uno de los objetivos del equipo es acompañar este recordar. Este recordar que implica volver a transitar por la experiencia, que de ese modo se hace presente. No es un tránsito sencillo, no es liviano. Y la temporalidad está jugada de un modo muy especial, porque el campo de concentración crea su propio espacio y tiempo. El tema de la temporalidad es clave, e implica volver a construir, en este presente, con los 40 años transitados, esa memoria. 

Una especie casi de restitución identitaria…

Silvia Plaza: En algún punto. En el dispositivo del terror hay procesos de deshumanización, desobjetivación, desintegración, despersonalización. También hay procesos de desidentificación, pero no son los únicos. Una de estas identidades en juego es justamente la del militante, porque el campo vino a corroer esa potencia de la militancia. Y en las mujeres, ni hablar. 

¿Lo decís por los delitos sexuales en los campos?

Yanina Petiti: Cuando Silvia hablaba recién de los contextos de escuchabilidad y decibilidad, pensaba justamente en los crímenes sexuales. Porque ahora se están incorporando, y de hecho en este juicio hay una imputación por delitos sexuales, pero es uno de los temas que aún hoy cuesta escuchar y cuesta juzgar. Sí sabemos que se está instruyendo una causa específicamente sobre crímenes sexuales, y mucho de lo que  se escucha, incluso de parte de operadores judiciales, es que es la primera vez que lo dicen. Y en realidad, lo han dicho siempre; lo que cambia es esta posibilidad de la escucha.

Silvia Plaza: Y la posibilidad de hablarlo. Porque los militantes, además de no haber podido anticipar la crueldad política y racionalizada del terrorismo, nunca pensaron en que iba a haber este arrasamiento de la intimidad. Este punto, el de las violaciones sexuales fue inimaginable para las y los militantes. Con sus experiencias previas de cárcel, de golpes de Estado, no podían prever este plan sistemático, estos crímenes de lesa humanidad con una intencionalidad política de sometimiento. Con una intencionalidad de desarmar esa identidad militante, ese deseo de revolución, de anularlo.

Yanina Petiti: Particularmente en las mujeres. Porque existe esta idea de los roles, en la que la mujer está más relegada al ámbito doméstico y privado y los hombres son los que salen a lo público y político; entonces ser mujer y militante tenía una doble carga moral y de castigo. Muchas de las cosas que se les decían a las mujeres tenían que ver con esto: «tendrías que estar en tu casa, cuidando a tus hijos». Era un hostigamiento permanente. 

Silvia Plaza: Una de las cosas que aparece con  mucha fuerza en los relatos y tiene un efecto de sentido de tortura es la desnudez. No solo la violación, el acto sexual forzado impune, sino esa exposición ante la mirada de otro sin ninguna posibilidad de sustraerse. Algunos testigos decían que era una desnudez que estaba herida, lastimada. 

Yanina Petiti: Sí, estaba presente la percepción de que el cuerpo ya no les pertenecía. Entonces aparece la idea del refugio en el ámbito más de lo ideal, resumido en la frase «no me pueden quitar las ideas».

Volviendo a lo de la desnudez involuntaria, es además una desnudez en la que estaban expuestos a gente que ellos no podían ver, porque estaban vendados…

Silvia Plaza: No podían evitarlo de ningún modo. Si por alguna razón les quitaban la venda, estaban atados. Desde la inmovilidad, o desde la oscuridad, estaban totalmente indefensos. Eso sí desarma y despersonaliza.

Multitudinaria marcha que acompañó la apertura del primer juicio por crímenes de lesa humanidad en Córdoba, conocida como Causa Brandalisis. 27 de mayo de 2009.

¿Qué efectos produce a nivel social reponer las experiencias concentracionarias de cada uno de los testigos?

Yanina Petiti: El ser militante fue mal visto. En algún punto, la «teoría de dos demonios» avaló la idea de que existían dos bandos: los militares por un lado, y por el otro los subversivos, guerrilleros, militantes. Pero todos podían entrar en esta concepción de subversivos, porque leer un libro era subversivo, tener un compromiso social era subversivo. De alguna manera, hubo una intención de desligarse de ese ser militante. Los juicios contribuyeron a volver a reencontrarse con esa militancia. Pensando en el primer juicio de 2008, por ejemplo, todavía había cierto pudor, y bastante miedo, en relación a compartir la militancia. A lo largo de los juicios, y por supuesto gracias al trabajo de las escuelas, de los espacios de memoria, etc., se fue reivindicando esa militancia. En este último juicio, una de las preguntas casi obligatoria era la de la participación política, porque, de hecho, en los crímenes de lesa humanidad la persecución política es un agravante. 

También en estos últimos años se construyó la idea de que no hubo una guerra, sino que fue un terror de Estado, donde se usaron, desde el Estado, todos los dispositivos disponibles para aniquilar a la sociedad, o a parte de la sociedad. Por eso estamos juzgando crímenes de lesa humanidad y no crímenes de guerra. 

Retomando la idea de la temporalidad de la que hablamos antes, me quedé pensando en cómo  la consigna del «Nunca más» condensa los tiempos. Es una disputa permanente, en presente, por lo que pasó, para que no vuelva a pasar. En el marco además de un contexto de lucha por la conquista y la permanencia de  derechos.

¿Qué trabajo realiza el acompañante cuando es necesario comunicar una experiencia que bordea lo impensable, aquejada de irracionalidad, en el marco de un discurso altamente codificado como el jurídico?

Esta experiencia se instituyó como un impensable, y creemos que justamente exige pensamiento, exige poder analizar y reflexionar críticamente sobre los modos de pensar lo impensable. El testigo viene a hacer un recorte en un continuum para poder armar su testimonio; pero para poder armarlo necesita pasar por la experiencia, que en algún momento se instituyó como impensable, sin palabras, acallada. En ese sentido, en general lo que se produjo fue, primero, un trabajo para poder volver a narrar, para que el testigo pueda volver a incluirse en la narración de esa experiencia transitada, y después de este movimiento, poder decidir qué de todo esto resultará en su testimonio. 

Nosotros pudimos acompañar, luego de  dar lugar a este trascurrir narrativo o a esta construcción de relato, ayudándolos a ordenar, a poner tiempo, etapas, ponerles nombres a las imágenes. Acompañar en este ordenamiento del relato, para que estuvieran en la mejor forma posible de construir su testimonio, y en las mejores condiciones subjetivas. 

¿Qué sucede cuando termina el juicio, con el vínculo que se establece entre acompañante y testigo?

Yanina Petiti: El vínculo con los testigos comienza próximo al momento en que va a brindar su testimonio, no se sostiene durante todo el juicio. Tenemos un primer contacto, y después instancias donde trabajamos diversos temas y puntos críticos. En ese momento se pueden abordar las angustias, los dolores que pueden surgir, y colaboramos en la construcción de la memoria y su relato, lo que cada testigo quiere plasmar en su testimonio. Estamos con ellos cuando se produce la declaración, en la audiencia, y luego, al menos queremos garantizar un encuentro, lo que nosotros denominamos el postestimonio. Esto lo hacemos para poder indagar qué sentido le otorgó cada uno a este acto de testimoniar, cómo afectó su singularidad, sus redes, qué balance puede hacer. Es una devolución al equipo de acompañamiento. Después de esos encuentros, el equipo se retira. Si por solicitud de los testigos, familiares o del propio equipo, se considera  que algún caso en particular necesita otro espacio terapéutico, contamos con una red de derivación. Esa derivación tiene un enfoque más clínico. 

Uno de los pilares de nuestro trabajo es brindar, ofrecer y proponer espacios de encuentro. Hay un esfuerzo por reconstruir y recordar. Otra de las bases del equipo es la disponibilidad. Para eso trabajamos en dupla de profesionales con cada testigo, rompiendo con la significación que se tiene del psicólogo más clínico, que es la de un espacio individual. Y nos disponemos a encontrarnos en los momentos que los testigos lo necesiten. Por ahí nos juntamos días de semana, fines de semana, feriados, por la noche, por la mañana. Por eso es muy importante la dedicación exclusiva de los miembros del equipo, para poder brindar esto.

¿Recuerdan alguna devolución que quieran resaltar?

Silvia Plaza: En las relaciones siempre se estableció un lazo muy amoroso, técnicamente hablando. En esta mutualidad, el testigo también nos envolvió amorosamente. No tenemos experiencias negativas, tensionantes. Todos fueron con una bienvenida y despedida con mucho lazo, mucho reconocimiento al trabajo del equipo. Creo que eso es lo más importante.

Yanina Petiti: En estos encuentros, ha sido fundamental el pasaje de confianza que se estableció con los testigos. Esta confianza es también una confianza política, por eso la posición del equipo de acompañar solo a testigos víctima y no a testigos que estén vinculados a las fuerzas represivas. No fue una decisión caprichosa, sino que tiene su fundamento desde lo teórico, técnico, ideológico, ético, político, profesional, y está fundada en la posibilidad de construir este vínculo basado en la confianza. 

Por último, ¿qué rol le cabe a la universidad pública en estos procesos sociales?

Silvia Plaza: Yo creo que un rol importantísimo. La Universidad es una institución que sigue teniendo gran legitimación social, y se acompaña además con esta idea de autonomía. Los contextos sociales e históricos también atraviesan y determinan a la universidad, entonces en contextos democráticos es muy importante que estas circunstancias vuelvan a la universidad como reflexión crítica, para que pueda despejar su implicación y su función social. La universidad se supone que tiene esta función de producción de conocimiento, de pensamiento crítico, con un tiempo disponible y recursos accesibles para que los estudiantes, los docentes, los investigadores puedan producir. 

Entonces me parece que cada uno, desde su corpus teórico y técnico, debería volver a pensarse en esta pertenencia a la institución universitaria, que tiene además un carácter fundamental que es el público. En este carácter público la universidad tiene una obligación y un derecho a ejercer y a comunicar pensamiento crítico. Desde ahí, esta problemática se puede dilucidar y comunicar de un modo que la sociedad también lo pueda acoger.

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Silvia Plaza

UNCiencia consultó con Silvia Plaza, coordinadora, cómo fue el surgimiento del Equipo de acompañamiento psicológico a testigos en juicios por delitos de lesa humanidad. 

El equipo surge en 2008 y tiene que ver con dos hechos que se dieron a escala nacional: uno indirecto, que es el inicio de los juicios por crímenes de lesa humanidad posteriores a la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, y otro directo y trágico, que es la segunda desaparición de Julio López, en ocasión de ser testigo. Frente a esa circunstancia, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación propone la conformación de dos equipos; por un lado, el Cuerpo de Protección a Testigos, integrado por miembros de las fuerzas de seguridad, y por otro, el Equipo de Acompañamiento Psicológico.

Córdoba inicia su historia de juicios –si exceptuamos el realizado a las Juntas en el año 1985– con el caso Brandalisis en 2008. Aquí aparece nuestro equipo. Un equipo interinstitucional.

Los organismos de DD HH, específicamente los abogados querellantes de HIJOS y Familiares, propusieron a la entonces rectora de la UNC, Carolina Scotto, que la Universidad asumiera la coordinación. Desde entonces, el apoyo de la Universidad ha sido constante. Incluso en circunstanias conflictivas, siempre el equipo ha tenido muy buen diálogo con la institución.

Nuestro equipo tiene la particularidad de ser autónomo, y en ese sentido nos parecía importante la presencia de la Universidad, una institución que sostiene, este principio, esta condición, este carácter, esta naturaleza de afirmación de la autonomía. Para nosotros esta autonomía fue muy importante, ya que el equipo está enclavado en una situación de mucha conflictividad y de múltiples y diversas experiencias institucionales, políticas, partidarias, en situación de alto voltaje psíquico y crítico. Esta posición autonómica, que no quiere decir neutral, nos permitió responder con la tarea a los testigos, y fue una fortaleza muy importante.

El equipo para el juicio Megacausa La Perla estuvo integrado por: Alicia Greco, María Virginia Vázquez, Mariano Ricci, Nora Galán, Homero Bilbao, Sandra Zanetta, Yanina Petiti, Jeremías Miretti, Alejandra Constable y Silvia Plaza.

Fecha de publicación: 25 agosto, 2016