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Alertan sobre el consumo de un hongo silvestre similar al champiñón, pero altamente peligroso para la salud

Investigadores del Laboratorio de Micología del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (UNC - Conicet) advierten que durante diciembre, cuando comienzan las lluvias más intensas, aparecen en las sierras cordobesas el hongo Amanita phalloides. Generalmente se lo encuentra debajo de pinos, cedros, álamos o robles, con los que se asocia a nivel de las raíces. Su consumo es sumamente riesgoso: las secuelas que puede dejar van desde daños hepáticos, hasta el deceso en casos extremos. [11.12.2019]

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Alertan sobre el consumo de un hongo silvestre similar al champiñón, pero altamente peligroso para la salud

Imagen gentileza equipo de investigación.

Soledad Huespe
Por Soledad Huespe
Redacción UNCiencia
Prosecretaría de Comunicación Institucional
shuespe@comunicacion.unc.edu.ar

Para quienes no lo conocen en profundidad, el hongo Amanita phalloides podría confundirse con un champiñón. De todos los hongos que se conoce que crecen en el territorio nacional, es el único cuya ingesta puede ocasionar la muerte. En Córdoba, concretamente, en el pasado trascendieron casos de familias intoxicadas que quedaron con severos daños hepáticos, dializados e incluso algunos con desenlaces fatales.

Amanita phalloides crece desde diciembre hasta mayo (verano–otoño), en coincidencia con la temporada de lluvias. “Se encuentra generalmente en las sierras. No crece en cualquier lado, sino que lo hace asociado a determinados árboles. Esto es así porque establece una relación simbiótica, una relación de asociación con las raíces de pinos, cedros, álamos y robles”, explica Carlos Urcelay, investigador del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (Imbiv), dependiente de la Universidad Nacional de Córdoba y Conicet.

Por esta razón, Amanita phalloides solamente prolifera donde se encuentran esos árboles. La nota distintiva es que ni el hongo, ni los árboles pertenecen a la flora nativa de Córdoba. Ambos son especies exóticas traídas del hemisferio norte, que se instalaron y se adaptaron a las condiciones locales. De hecho, el primer reporte del hongo en la región data de la década de 1970.


Una relación de ayuda mutua

“Lo que llamamos hongo, en realidad es el cuerpo de fructificación del hongo, como si fuera la manzana del árbol. Los equivalentes a las ramas y las hojas, en el caso de los hongos, están en forma de unos filamentos microscópicos muy desarrollados debajo de la superficie del suelo, de la hojarasca. Generalmente no los vemos. Y esos filamentos se asocian, en este caso, con las raíces de algunas especies de árboles”, explica Urcelay.

Ocurre que de esas raíces, el hongo obtiene ciertos beneficios, como carbohidratos que provienen de la fotosíntesis de la planta. A su vez, le provee a la planta acceso a otros nutrientes necesarios para el crecimiento vegetal. Es una relación simbiótica de intercambio de nutrientes denominada ectomicorriza (mico: hongo, rriza: raíz).

El principal riesgo radica en que quienes carecen de un ojo entrenado pueden confundir Amanita phalloides con especies de Agaricus, la misma familia del champiñón, y Lepiota, que pueden ser comestibles.

Amanita phalloides tiene un color blanco crema, con algunas tonalidades amarillentas verdosas, anillo y una especie de saquito en la base del pie, llamado volva. "El champiñón y otros parecidos tienen colores similares,  anillo debajo del sombrero, pero no tienen el saquito abajo”, apunta Urcelay.

Los riesgos de su consumo

“Amanita phalloides posee varias las toxinas, pero hay una muy nociva, conocida como amatoxina  (fundamentalmente amanitinas). Son peptidos cíclicos que dañan las células afectando la producción de proteínas. Estas toxinas afectan particularmente el sistema digestivo y las células del hígado, hasta dejarlo sin funcionamiento”, apunta el investigador.

Los primeros síntomas son náuseas y diarrea, hasta atacar el hígado. Suelen aparecer a las cuatro o cinco horas después de haberlo consumido, aunque en otras ocasiones pueden presentarse hasta en las 12 horas posteriores. En estos casos, las recomendaciones son precisas: concurrir al hospital más cercano. “Lo fundamental es que no hay que evitar las náuseas ni la diarrea, porque es el modo de eliminar la mayor cantidad de toxinas posibles”, concluye Urcelay.

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