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Usted está aquí: Inicio / 2018 / Octubre / Dora Barrancos: “La ciencia occidental tiene un fuerte sesgo de género” / Qué pasa en el interior de los laboratorios

Qué pasa en el interior de los laboratorios

En el mundo sólo hay un 28% de mujeres científicas, según el Instituto de Estadística de la Unesco. Comparativamente, ese porcentaje ese mucho mayor en Argentina, pero todavía falta que ellas ocupen los cargos más altos, desde investigador principal y superior hasta líderes de proyectos. El análisis de lo que ocurre dentro de los laboratorios, desde la mirada de la socióloga y feminista argentina Dora Barrancos.

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No hace mucho tiempo que el bioquímico británico Tim Hunt y ganador del premio Nobel de medicina aseguró que mujeres y varones deberían trabajar en laboratorios separados, aduciendo que ellas hacen cosas como “enamorarse” y “llorar cuando las criticás”, lo que perjudicaría el trabajo científico.

El supuesto que subyace se vincula con la histórica relación que se ha establecido entre la mujer y el universo de las emociones y sentimientos, reservado para ellas; mientras que el conocimiento y la razón se han atribuido al dominio del varón.  “Lo emocional es de todos los seres humanos, solo que a las mujeres se nos permite expresarlo a viva voz. A los varones, no. Pero eso también es un condicionamiento de género. En la cancha, en el fútbol, ahí sí hay un derrame de conmoción masculina. Pero en la ciencia no, qué extraño”, ironiza Barrancos.

– ¿Qué pasa dentro de los laboratorios? ¿Cómo analizás el trabajo en estos espacios, desde una perspectiva de género?

– Un laboratorio es un sistema piramidal y hay gran ejercicio de poder por parte de quien está arriba de esa pirámide. Hay una disputa por la autoridad del paper, allí las mujeres ocupan niveles intermedios, no los primeros lugares. Pero incluso los laboratorios dirigidos por mujeres no necesariamente son una invitación abierta a la equidad. En general, las mujeres suelen ser muy duras evaluando a otras mujeres. Sobre todo las mayores de 50 años, que toda su vida han hecho ciencia. Si les preguntás, te dirán que nunca fueron discriminadas en su trabajo. Porque es la manera de cerrar una especie de avería en el sistema de objetividad de la ciencia.
Reconocer la discriminación de género podría lesionar la traducción objetiva de la ciencia. De ahí la dificultad que tenemos para organizar feminísticamente a las científicas.

–¿Esa no-autopercepción de la discriminación a la que te referís, se da tanto para las investigadoras de las ciencias sociales y humanidades, como de las ciencias exactas?

–Sí, hay bastante similitud. Si fuera tan fácil para las cientistas sociales y de las humanidades una reconceptuación que tenga como motivo de base la diferencia sexogenérica, hubiéramos tenido unas sociologías y unas ciencias políticas mucho más sugerentes en términos de esas diferencias, y no es así. De hecho, hay disciplinas como la filosofía y la historia que durante muchísimo tiempo fueron referentes del androcentrismo, un lugar de reconocimiento de los varones.

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