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Restos sensibles

La discusión en torno a qué hacer frente a los hallazgos de restos óseos humanos, cómo denominarlos y quién debe decidir sobre su destino, es compleja y cruza tanto a las ciencias arqueológicas y antropológicas,  como a las comunidades locales y a los pueblos indígenas. En esa encrucijada viene trabajando, desde una perspectiva de derechos, el Programa de Arqueología Pública.

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En ese sentido, Fabra y Zabala, directoras del PAP, rescatan el acuerdo firmado en 2005 en el Primer Foro Pueblos Originarios –Arqueólogos (Declaración de Río Cuarto) para la no exhibición de estos restos, considerados y nominados como sensibles por la cantidad de actores a los que afectan e involucran. “Desde el Programa, hacemos mucho hincapié en contar por qué no se exhiben”, señalan.

En Argentina, la Ley 25.517 establece que:  “Deberán ser puestos a disposición de los pueblos indígenas y/o comunidades de pertenencia que lo reclamen, los restos mortales de aborígenes, que formen parte de museos y/o colecciones públicas o privadas”.

Casos paradigmáticos han sido el de Damiana, restituida a la comunidad Krygi en 2010, y el del cacique Inacayal y su familia, mantenidos cautivos en el Museo de Antropología de La Plata mientras vivían, y cuyos restos fueron exhibidos después de morir. En 2014, fueron restituidos a la comunidad tehuelche de Tecka, Chubut. (Más información: http://colectivoguias.blogspot.com.ar)

El caso de los restos hallados en Córdoba es diferente ya que, debido a su antigüedad, es imposible establecer su identidad, así como precisar su pertenencia a alguno de los tres pueblos indígenas que existen actualmente: Comechingón, Sanavirón y Ranquel. En total en la provincia hay 24 comunidades, de las cuales la mayoría es comechingona. En San José de la Dormida hay una comunidad sanavirona, y la comunidad ranquel está asentada en Río Cuarto.

“Hay comunidades que no están de acuerdo con excavar. Pero en general, en Córdoba, hay mucha  apertura a nuestro trabajo. Creo que en parte es porque nosotros hemos podido ir socializando qué podemos conocer a partir del estudio de estos restos sensibles. Los representantes de comunidades con las que trabajamos pudieron conocer la Reserva Patrimonial del museo, ver cómo tenemos conservados los restos, qué información pueden tener sobre ellos, y fundamentalmente, apreciar para qué les sirve en relación a su proceso actual de autoadscripción y de identidad, y para sus reclamos territoriales. Pudimos, en fin, dar cuenta de que sirve para su presente”, apunta Zabala.

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