Herramientas Personales

Cambiar a contenido. | Saltar a navegación

Usted está aquí: Inicio / 2017 / Diciembre / El mirador del universo, en la Puna salteña / Un viaje hacia el infierno encantador

Un viaje hacia el infierno encantador

Acciones de Documento

8.35 | Hace casi una hora espero el colectivo para viajar desde Salta capital hacia Tolar Grande. El único servicio público que funciona sale los miércoles a las ocho de la mañana y regresa a Salta los viernes. Desde que llegué a San Luis 2050, sede de la comuna de Tolar Grande en la capital provincial, nada sucede según los horarios pactados. Tal lo acordado el día anterior a través de una llamada telefónica, debía presentarme a las 7.30 para asegurarme mi lugar en el colectivo, pero la oficina abrió cerca de las 8.00.

Mientras espero el colectivo van llegando, de a poco, mis compañeros de viaje. Uno se me acerca, de unos 60 años curtidos, y me dice: "¿Va de turista?". Es obvio que desentono: mochilita, bolsa de dormir y galletas. Al lado mío, con quienes compartiré casi una decena de horas de viaje acumulan bártulos: cajas, bolsas, hasta un perro y un conejo.

Venancio –su nombre me será revelado durante el viaje porque todas las personas que subirán al colectivo lo saludarán– me cuenta que conoce el Centro de Interpretación (CIU) que se está construyendo en Tolar Grande y que tiene algo que ver con la astronomía.

Le digo que voy a ver a los astrónomos que trabajan allá y que están haciendo estudios aprovechando el cielo de Tolar, que es uno de los mejores de Argentina. También agrego que en el cerro Macón, cerro sagrado, se está construyendo un Observatorio en Altura, el más alto del país.

Le comento que, con suerte, en unos años llegarán muchos turistas a Tolar, ya que además de los objetivos científicos se busca incentivar el turismo astronómico. No puedo descifrar en su cara si le agrada que ese pueblito cercano a la frontera con Chile se llene de curiosos. Y yo, apenas le largo esa buenaventuranza, empiezo a dudar de si más personas tienen algo que ver con la buena suerte.

8.40 | El colectivo llega. Venancio me dice que a partir de agosto se va a sumar otra línea de ómnibus para conectar Tolar con el resto del mundo, y me cuenta que nevó mucho allá arriba, que está frío, y me suelta: “Es feo Tolar”. Yo siento que se me desfigura la cara, decirme eso a mí, que aún sin conocerla se me hace una tierra mágica.

8.57 | Empieza el viaje. Bienvenida a otro tiempo.

9.39 | Campo Quijano. Primera parada. Sube más gente. Más bolsos que gente y otro perro.

Todos saludan a Venancio. Un paisano le dice: “Yo también yendo de vuelta al infierno encantador”. Parece que todos se conocen, se saludan se acomodan. Sigo desentonando.

Sube un vendedor ambulante y comenta con una pasajera que tiene que ir a Tolar pero tiene miedo de morirse, medio en joda medio en serio. “Eso es Puna, me voy a morir si voy”.
Ese comentario me recuerda lo mal que me hace la altura y mientras los choferes desayunan en el bar, cambio mi pedido de café por una manzanilla.

La señora del bar me pregunta si voy de turista a Tolar. Le cuento. Ella me retruca que sabía que estaban yendo astrónomos para allá y que hay un observatorio. Empieza a hablar de ovnis y fantasea con la idea de que Tolar se convierta en la próxima Nazca, con esas líneas en pleno llano escritas desde el cielo. “Le vamos a hacer la competencia”, sentencia entre risas.
Yo no digo nada, aunque sé que desde las alturas de Macón no se va a buscar vida extraterrestre.

10.02 | Retomamos el camino hasta San Antonio de los Cobres. 
Pasando Campo Quijano se despliega todo el paisaje. Un hilo de río que se abre camino por un lecho rocoso. Una ruta de montaña cornisa que sigue como un espejo las antiguas vías que hoy usa el Tren de las Nubes y que se ven de cuando en cuando por la montaña. La Puna como dibujada.

Empieza el camino de montaña y el ayudante de chofer reparte bolsas de nailon.... Me tomo un trago de Reliverán, y cuando me empieza a parecer raro el colectivo en silencio, empieza a sonar la cumbia a un volumen poco “funcional”.

14.00 | Luego de almorzar en de San Antonio de los Cobres partimos hacia Tolar. La ruta sube todo el tiempo. Se va por las nubes, literal. En el camino se cruzan llamas, el río por momentos está congelado. Manchas de nieve se ven de vez en cuando en las montañas. La altura y los entreveros del camino empiezan a pesar. Dos adolescentes sentados delante mío se dan vuelta con escaso disimulo para espiarme. Algo como devolverme con la misma moneda. Debo seguir desentonando.

Adentro del colectivo sigue sonando la cumbia. El colectivo se bambolea a su ritmo, cortando el silencio de páramo que debe reinar afuera. Me duermo hasta que llegamos a Tolar, abatida por el cansancio y la altura.

Herramientas Personales