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Bruce Alberts: “Hemos hecho de la ciencia algo muy aburrido para los niños”

El destacado científico estadounidense asegura que aprender ciencia nada tiene que ver con memorizar datos, sino con incorporar un modo de comprender el mundo. Propone que la ciencia se enseñe como un proceso activo en todos los niveles educativos, incluso el universitario. En esta entrevista con UNCiencia, comparte su visión crítica del culto a la publicación científica y su preponderancia como criterio de evaluación entre pares. Días pasados, la UNC le otorgó el Doctorado Honoris Causa por su compromiso con la mejora de la educación de la ciencia y sus aportes al campo de la bioquímica y la biología molecular.  [17.11.2016]

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Bruce Alberts: “Hemos hecho de la ciencia algo muy aburrido para los niños”

Para Alberts, lo divertido de hacer ciencia es resolver problemas y que nadie te diga cómo hacerlo.

Mariana Mendoza
Por Mariana Mendoza
Redacción UNCiencia
Prosecretaría de Comunicación Institucional
mariana.mendoza@unc.edu.ar
Traducción: Dolores Hernández

Bruce Michael Alberts conjuga las aptitudes de un bioquímico renombrado, que ha realizado importantes contribuciones a su especialidad, con la preocupación de quien se proyecta más allá del laboratorio para mejorar la sociedad a través de la enseñanza de la ciencia.

Por eso, tras dedicarse más de 30 años a la investigación básica, cerró su laboratorio y asumió la presidencia de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (NAS por sus siglas en inglés). Allí, trabajó durante 12 años para cambiar la manera en que se impartía la educación en ciencias a los niños y adolescentes en las escuelas norteamericanas. Así surgieron los Estándares Nacionales de Enseñanza de la Ciencia, basados en la premisa de entender a la ciencia como un proceso activo, entre otros proyectos de alfabetización científica que aún hoy continúa desarrollando.

Estas son algunas de las razones por las que, el 7 de noviembre pasado, Alberts recibió el Doctorado Honoris Causa de la UNC. En ese marco, y a horas de la definición de las elecciones presidenciales en su país –que finalmente consagrarían a Donald Trump– UNCiencia conversó con este científico de 78 años, que se desempeñó como editor en jefe de la revista Science entre 2008 y 2013, y que aún permanece en actividad en la Universidad de California, San Francisco (Estados Unidos).

Para Alberts, todas las personas deberían saber de ciencia, no para ser científicos sino para forjar sus propios criterios, tomar decisiones, y ser capaces de discernir entre argumentaciones falsas y verdaderas. “Si no hay una comprensión general del mundo a nuestro alrededor, es muy difícil que uno no tenga miedo de todo. Todo puede verse como peligroso”, afirma, y ofrece como ejemplo el de los cultivos transgénicos: “Las personas tienen miedo de los cultivos modificados genéticamente, y los gobiernos tienen muchas dificultades a la hora de tomar decisiones sobre el tema. Para los científicos, todos los cultivos están modificados y ha sido así por años. Los métodos no son lo importante, el problema es que lo que hay que testear es la planta, lo importante es eso y no cómo fue construida”.

En esta línea, sostiene que hay diversas cuestiones que requieren planificación a largo plazo, y la ciencia es la herramienta apropiada para abordarlas. “La ciencia nos permite mirar treinta años hacia adelante, porque entendemos lo suficiente sobre cómo funciona el mundo. Entendemos el sistema natural y sabemos que liberar dióxido de carbono en el aire como estamos haciendo va a causar un problema inmenso en cien años. Hay que hacer algo al respecto”, señala y añade: “Si no le creemos a la ciencia sobre lo que nos espera en el futuro, estamos cometiendo un grave error. Hay que mirar hacia el futuro.”

¿Cómo ha evolucionado el interés de la sociedad por la ciencia?

Hemos hecho de la ciencia algo muy aburrido para los niños. No sé en Argentina, pero sí en Estados Unidos. Allí les hacemos memorizar a los niños todos los hechos que los científicos sabemos sobre el mundo. Los nombres de 30 tipos de ballenas, de todos los planetas, de las partes de las células.

La memorización es fácil para el maestro porque no tiene que saber mucho, basta con leer un libro y hablar sobre los hechos, y puede también así evaluar si los chicos han memorizado o no.  Lamentablemente, eso no tiene casi nada que ver con la ciencia.

 Las personas desarrollan una falta de interés en la ciencia, la consideran lo más aburrido que puede existir. Cito a mi nieto: “tengo que memorizar todas esas palabras y repartirlas en una evaluación y luego me las olvido, y tengo que memorizar una nueva serie de palabras y distribuirlas en la próxima evaluación y gracias a Dios que termina el curso”. No hay interés, y es tan triste, porque la ciencia no es eso, es un modo de comprender cómo funciona el mundo y de resolver problemas. La ciencia es una muy buena manera de enseñar a los niños a interesarse por el mundo, a observarlo, y a ser capaces de lidiar con lo complejo.

Tengo siete nietos. Es muy triste cuando, al ayudarlos con las tareas escolares, descubro que odian cosas que yo amo. Basándome en eso, estoy trabajando con otras personas, tratando de llevar adelante un experimento de tres semanas, que pondremos a prueba con niños. Se trata de crear algo que puedan utilizar los maestros que enseñan a niños de 12  años para despertar su interés por las células. Para mí, una simple célula viviente es la cosa más increíble del universo, pero para los niños –como están funcionando las cosas en este momento– es lo más aburrido del universo.

¿Por eso aceptó el puesto de presidente de la NAS?

En 1993 yo era un científico que llevaba 30 años de trabajo en un laboratorio. Entonces me ofrecieron mudarme a Washington DC para ser el presidente de la NAS, un trabajo de tiempo completo.  En muchas academias se trata solo de trabajo voluntario. Así que tuve que cerrar mi laboratorio y mudarme a Washington, donde me terminé quedando 12 años, de 1993 a 2005.
No había aceptado el trabajo en un primer momento, porque significaba cambiar mi vida y moverme de la ciencia a la política sobre la ciencia. Me convencieron diciéndome que podría usar la NAS para mejorar la educación de la ciencia. Por entonces ya estaba preocupado sobre el tema, y por mis hijos. Trabajamos mucho en educación de la ciencia, porque los National Science Education Standards (https://www.nap.edu/read/4962/chapter/1) de Estados Unidos fueron lanzados en 1996. Publicamos, además, alrededor de 150 estudios sobre educación.

¿Qué resultados o impacto tuvo la implementación de los estándares?

Lamentablemente no fue tan exitosa. Esperábamos generar un efecto positivo importante, pero fue un proyecto muy difícil y creo que el resultado fue bastante decente. Dice lo que debe decir y es que la ciencia no debe ser memorización. Dediqué mucho tiempo a trabajar en los Estándares, aún cuando como presidente se suponía que no era mi tarea directa hacerlo. El problema es que cuando se realizan estándares, las personas tienden a interpretar que debe ser algo rígido. Por otra parte, luego del lanzamiento se puso en marcha el programa No Child Left Behind, en el año 2000, durante la presidencia de George Bush. Se trató de un movimiento vertical desde  el gobierno federal. Hizo que los maestros y los sistemas escolares rindieran cuentas al gobierno federal y al estado provincial mediante la implementación de evaluaciones escolares. Pero lo que realmente sucedió es que evaluamos mal, si se pone mucha presión sobre los maestros para que los estudiantes obtengan buenas calificaciones, el examen será malo, dependerá de la memorización y eso lleva la educación a la ruina. Los exámenes eran corregidos por una máquina. Los maestros en muchos casos dejaron de preocuparse.

La iniciativa No Child Left Behind interfirió con los estándares…

Sí, fue muy contraproducente. En San Francisco, por ejemplo, desarrollé un programa que se llamó Ciudad de la Ciencia, llevado adelante a partir de una beca de la City Science. Trabajamos con 1000 maestros de escuelas primarias. Ellos habían comenzado a enseñar la ciencia desde la perspectiva del aprendizaje activo, pero luego, con la iniciativa No Child Left Behind, las escuelas del distrito comenzaron a preocuparse por obtener puntajes altos y perdieron interés en el proyecto.

¿La NAS continúa trabajando en mejorar la educación en ciencias?

La NAS es muy activa y la educación de la ciencia es muy pujante, y lo es también en relación a cómo enseñar ciencia en el nivel universitario de un modo diferente. La enseñanza de la ciencia en la universidad consiste, tradicionalmente, en clases teóricas: un profesor hablando ante trescientos estudiantes. Pero sabemos –a partir de la investigación realizada en los últimos años acerca de cómo los estudiantes aprenden ciencia– que el aprendizaje es más efectivo si implica un aprendizaje activo. Aun en clases teóricas muy numerosas, sabemos que es mucho más efectivo detenerse cada 15 minutos y hacer una pregunta difícil, hacer que los estudiantes hablen entre sí y escojan una respuesta. El estudiante pasa de escuchar pasivamente, algo que para muchos no funciona muy bien, a estar involucrado activamente. Hay estudios que demuestran que, aun cuando saben la respuesta, la discusión ayuda a comprender. De esta manera, la NAS está tratando de cambiar cómo se enseña la ciencia en la universidad. Queremos que exista aprendizaje activo en todos los niveles. Esto debe comenzar en la universidad porque es donde los profesores aprenden a enseñar ciencia. Allí es donde los padres aprenden qué es la ciencia. Así que el objetivo tiene que ser no solo conocer lo que los biólogos han descubierto sobre la biología, sino ¿cómo lo descubrieron?, ¿qué respuestas encontraron?, ¿de qué se trata?

Y en este contexto, ¿cuáles son los desafíos de la divulgación científica?

Los principales desafíos tienen que ver con que los científicos puedan hablar como seres humanos (risas). Como especialista, uno se acostumbra a hablar de una manera que solo los especialistas comprenden. Por eso, parte del entrenamiento de los científicos debe consistir en cómo contarle lo que hacen en su trabajo a sus abuelas. Un premio Nobel en química de Harvard tuvo la idea de que cada estudiante de doctorado deba encabezar su tesis con dos páginas que aun su abuela pudiera comprender. En la revista Science, la mitad de los científicos no podría escribir un abstract que sus colegas pudieran entender por estar tan enfocados en palabras que nadie conoce. Hay un actor muy famoso en Estados Unidos, Alan Alda, que está realizando un trabajo en el Departamento de Comunicación Científica en la Universidad de Nueva York en Sunnybrooke, y está usando la actuación para enseñar a los científicos jóvenes cómo comunicar.

Luego de cinco años como editor en jefe de la revista Science, ¿cuáles cree que son los defectos o aspectos negativos de los científicos a la hora de publicar?

En el avión que me trajo a Argentina, estuve sentado junto a un joven científico argentino que trabaja en Estados Unidos. Él expresó el problema que tenemos hoy porque la gente joven piensa que, en el campo de la biología, tienen que publicar un artículo en Science, o Nature, o Cell o no tendrán una carrera. Eso es terrible, significa que uno pasa años y años trabajando en un artículo y está a merced de los editores de Science, Nature, o Cell. Y, además, esas publicaciones deben ser fascinantes y novedosas, pero mucha de la ciencia excelente es la que consiste en pequeños avances, y necesitamos valorarla más que a estos importantes artículos en revistas.

De muchas maneras, estas revistas son un problema para el campo. Son útiles, porque nadie puede leerlo todo. Por ejemplo, si quiero saber rápidamente qué está pasando en el campo de la física y no tengo tiempo de leer revistas de física. Y, a la vez, son un problema para la comunidad científica. Es nuestra culpa como científicos, porque somos demasiado haraganes para leer el trabajo que los jóvenes hacen y lo que han hecho más allá de dónde lo han publicado. Te toma casi dos minutos leer el curriculum vitae de alguien y decir “Ha publicado dos artículos en Science, entonces debe ser bastante bueno”. Ese pensamiento no tiene nada de sensato, no es una manera razonable de evaluar a las personas. Por eso, lo que estamos tratando de hacer ahora es cambiar el modo de comportarnos como científicos senior. Pensamos que cuando un investigador se postula para una posición o un trabajo nuevo debe poder decirnos cuáles son las cinco cosas que, a su criterio, son las más importantes. Si solo vamos a considerar unas pocas cuestiones, deberíamos ser capaces de leer lo que han publicado. Eso implica que tendremos que dedicarle más tiempo; de lo contrario, significa que estamos destruyendo la iniciativa científica.

¿Cómo puede revertirse esto?

Hay universidades que lo están intentando, pero es una cultura muy difícil de cambiar. Por ejemplo, la cátedra de Bioquímica de la Universidad de Texas, en Dallas, ha diseñado un anuncio para un puesto laboral en el que dicen “No nos importa lo que hayas publicado. No vamos a consultar tu factor de impacto. Cuéntanos cinco de las cosas que hayas hecho y preséntanos algunos de los trabajos que hayas escrito”. Después hacen las entrevistas. Entrevistan a un gran número de personas por skype. Para muchos, tomarse un avión para asistir a una entrevista es muy costoso, y eso resulta un impedimento muy grande para gente que vive, por ejemplo, en Utah. En cambio, la entrevista vía skype tiene costo cero. Por eso, la idea es comportarnos de manera diferente a la hora de hacer las contrataciones. Este es un problema de la comunidad científica, no podemos culpar a nadie más. Solo tiene que ver con nosotros. 
 

Bruce Alberts textual
Un científico feliz | “Para ser un científico y ser feliz, uno tiene que obtener placer a partir de resolver pequeños problemas. La mayor parte del tiempo uno está tratando de resolver pequeñas cuestiones. Cada semana hay algo que resolver. No tiene por qué ser algo grande. Por eso, lo divertido de hacer ciencia es que uno resuelve problemas, muchos. Y nadie te dice cómo se hace para resolverlos. Lo tenés que hacer solo”.
Educación en ciencias y democracia |“Si miramos las elecciones en Estados Unidos, que tienen lugar actualmente,  hay tanta gente en nuestro país que no distingue lo verdadero de lo falso. La única manera de hacerlo es entrenar a todos, a los niños pequeños, a buscar evidencia para sostener sus propias declaraciones y usar la lógica y el pensamiento racional para ver qué es cierto y qué no lo es. No se trata solo de la democracia, porque no es posible la democracia si las personas pueden ser engañadas con facilidad. Se trata también de la vida”.
Los científicos y la educación | “(…) los científicos debemos ayudar a los maestros.  No podemos ser solo científicos. Debemos ayudar a los maestros de muchas maneras diferentes porque, de lo contrario, las burocracias, las estructuras de nuestras escuelas, en los Estados Unidos, presionan a los maestros con evaluaciones inútiles y, como consecuencia, la enseñanza de la ciencia se empobrece ¡Me pregunto si la ciencia podrá ayudarlos!”.
Experiencia en Science |“Cuando uno comienza un trabajo como ese, hereda todo un sistema. Trabajamos mucho más en educación. Hicimos concursos para el diseño del mejor material de clase de la universidad y concursos para el mejor sitio web de ciencia.  Tuvimos cuatro números especiales sobre enseñanza de la ciencia. Y publicamos varios artículos de investigación.  ¡Escribí demasiados editoriales! Debo haber escrito unos 200 editoriales, de los cuales alrededor de 50 fueron sobre la educación de la ciencia”.
 
Bruce Alberts estuvo en Córdoba para participar en la 52º Reunión Anual de la Sociedad Argentina de Investigación en Bioquímica y Biología Molecular, que se desarrolló en la UNC entre el 7 y el 11 de noviembre.
Es autor del libro Biología molecular de la célula, texto utilizado para la enseñanza de la biología en numerosas universidades del mundo, y que está a punto de publicar su sexta edición. Se ha desempeñado como presidente de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos durante dos períodos, como editor en jefe de la revista científica Science y como copresidente del Consejo Interamericano de Academias de Ciencia, institución integrada por los presidentes de las academias de quince países, con sede en Amsterdam (Holanda).
Fue galardonado con la Medalla Nacional de Ciencia por el Presidente Barack Obama en 2014, y recibió el Premio de Lasker-Koshland al Logro Especial en Ciencias Médicas 2016. Y fue uno de los tres primeros Enviados de Ciencia de Estados Unidos (2009-2011). Actualmente, es el presidente de la cátedra de Bioquímica y Biofísica para la Ciencia y la Educación de la Universidad de California (San Francisco, EE UU).
Para conocer más acerca de Bruce Alberts, visite https://brucealberts.ucsf.edu  o sobre los National Science Education Standards (1996), ingrese en www.nap.edu/read/4962/chapter/1
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