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“Tenemos que desplazar el foco de interés de la obra a los procesos de producción artística”

Entrevista a Carolina Romano, docente e investigadora de la Facultad de Artes UNC, profesora titular del Taller de Investigación en Artes de la Licenciatura en Artes Visuales.

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¿Cómo definirías el método investigación artística?

Creo que no es posible hablar de un método de investigación artística. Una respuesta de ese tipo sería tranquilizadora en la misma medida que empobrecedora. Así como no hay un único método para hacer antropología, física, historia o biología, los métodos de investigación artística tienen prácticas diversas que implican ideas diferentes, que deben debatirse.
En el espacio académico de las artes se ha producido una gran apertura como resultado de la puesta en discusión de ciertas ideas cristalizadas. Por una parte, se han impugnado las nociones que conciben que de la práctica artística solo podemos obtener conocimientos prácticos y de la teoría solo conocimientos teóricos, ajenos a toda materialidad o corporalidad. Este movimiento ha permitido la reflexión y la codificación de prácticas (la ejecución de un instrumento, de una técnica de impresión o del montaje audiovisual), como también la problematización de la definición del arte, para vincularla con los problemas y procedimientos concretos que una comunidad desarrolla en un contexto específico.
Por otro lado, se han cuestionado perspectivas que asumen que es posible investigar aplicando un repertorio de métodos de validez general. Por el contrario, se han generado propuestas que sostienen que el diseño y la validación de los métodos de investigación se desprenden de las relaciones entre las partes de un proyecto (el objeto que se pretende conocer, las herramientas que se construyen para eso, los propósitos e intereses de quienes los llevan adelante), y de todos esos términos con el contexto en donde la investigación planea desarrollarse.
El carácter relacional de esta concepción es particularmente importante en el análisis de fenómenos donde los datos sensibles son centrales, y donde el comportamiento de esos datos es fluctuante. A diferencia de objetos que permiten validaciones basadas en su mayor grado de mensurabilidad, predictibilidad y cuantificación, los objetos artísticos tienen cualidades específicas, donde la búsqueda de conocimiento se sustenta en la consideración de variables cualitativas (casos, situaciones, documentos y obras) y que, por eso mismo, alcanzan resultados con un margen insuprimible de aleatoriedad.

¿En qué y por qué podés pensar que se distancia, diferencia, recorta, del modo de enfoque de la ciencia?

Desde mi perspectiva, una de las creencias más perjudiciales para el desarrollo de las investigaciones artísticas ha sido la convicción de que el arte es un espacio radicalmente diferente de otros espacios de conocimiento y que solo puede desarrollarse de un modo autosuficiente. Aun cuando la investigación artística tiene objetos que reclaman métodos específicos, puede desarrollarse con herramientas disciplinares de otros campos, a la vez que sus investigaciones pueden efectuar aportes significativos en otros ámbitos disciplinares.
Pero, para pensar esos diálogos como intercambios valiosos, hay que abandonar una definición del arte como un medio que busca producir objetos, y empezar a entenderlo como una forma de expandir el conocimiento. Tenemos que desplazar nuestro foco de interés de la obra como un producto formal a los procesos de producción artística.
En una entrevista, el historiador italiano Carlo Ginzburg decía que "afirmar que la realidad es una no significa afirmar que la realidad es transparente. La realidad es opaca; por eso, la investigación científica es necesaria. Es una tarea que no conoce límites disciplinarios; estos existen, pero exigen ser superados cada vez que la investigación lo solicite (es decir, casi siempre)". Comparto esa opinión porque creo que los artistas y los científicos deben expandir el conocimiento disciplinar cuestionando en gran medida las ideas que se han naturalizado en los ámbitos disciplinares que transitan, y eso exige un arduo ejercicio de descentramiento.

¿Qué te parece la premisa de Expedición de poner a prueba en el terreno la aproximación de ambos?

El proceso experimental del colectivo de artistas Expedición es muy interesante porque reflexiona sobre las particularidades y puntos de convergencia entre el arte y la ciencia en varios niveles. El primero, quizás el más evidente, radica en las relaciones que pueden plantearse entre los modos de representación que elaboran las ciencias naturales y los que producen las artes visuales. Pero a ese primer vínculo se añaden otros. Los que pueden establecerse entre la experiencia de observación artística de la naturaleza y las prácticas de expedición antropológica y etnográfica. Los que implican una dimensión semiótica, acerca del lenguaje y sus modos de codificación y decodificación. Los que incumben a un nivel epistemológico cuando se opta por ciertos esquemas clasificatorios o cuando se efectúan ciertas definiciones. Los que involucran una dimensión política y filosófica sobre el estatuto autoral que se otorga al sujeto que nombra el mundo. Los que conciernen a las relaciones entre la producción de formas -poéticas o académicas- y sus modalidades de narración o exposición.
Pero, además, me interesa su forma de desarrollo: el carácter colectivo que lo impulsa y el diálogo interdisciplinario que promueve, y la condición procesual de su despliegue. Finalmente, el horizonte de expectativa por vincular el arte con lo que no es arte, y la ciencia con lo que aún no ha sido formalizado. Estas cuestiones son valiosas para criticar, una vez más, la idea del genio creador o la del científico recluido, la premisa de que la obra de arte o la producción científica pueden sustraerse a los modos de circulación social y cultural que les dan sentido.

¿Es posible habitar esa frontera?

No solo es posible sino deseable. Las instituciones artísticas definen que arte es todo lo que una comunidad de expertos denomina como tal. El mercado esgrime que es todo lo que puede venderse como tal. Peor, esas descripciones en muchas ocasiones se yuxtaponen.
La investigación artística debe eludir tanto la respuesta consoladora y autocomplaciente que reduce el arte a su legitimación formal, como la respuesta cínica y pragmática que lo restringe a su cotización. Por el contrario, es necesario pensar que los procesos estéticos involucran las instituciones pero no se reducen ellas, y que los intercambios y la circulación que propician incluyen al mercado pero exceden ampliamente sus límites. Esto requiere cuestionar las fronteras naturalizadas.
Una respuesta afirmativa a si es posible habitar esa frontera es el Proyecto Expedición mismo. El porqué es un horizonte deseable puede justificarse en la convicción de que el arte y la investigación artística están forzosamente ligados a la comunidad de la que surgen y para la cual están destinados, y en ese despliegue deben intervenir y reflexionar sobre las relaciones de poder dentro de las cuales actúan.
A fin de cuentas, una frontera, como propone la teórica cultural Nelly Richard, es "una línea de demarcación espacial -natural, convencional o imaginaria- que separa y a la vez junta los territorios que se encuentran de lado y lado de su trazado. Las fronteras actúan como zonas político-estratégicas que están siempre en disputa: limitan una extensión, señalan un confín, regulan los tránsitos entre el interior y el exterior, fijan un borde que puede ser continuo o discontinuo, controlan la organización simbólico-territorial de un sistema de identidades y categorías con mecanismos de cierre y apertura, ejercen un rol divisorio que suscita enfrentamientos entre un marco de contención y las fuerzas de desborde". Si es cierto que el arte y la ciencia tienen el propósito de expandir el conocimiento, ¿cómo podrían los artistas o los científicos ser guardianes de frontera?

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